La abuela que cruzó el mundo en una bicicleta. ¡Desvelado el secreto de mis nuevas dos novelas!

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Tal y como he señalado en algunos lugares, como en este artículo para Zenda, la carrera de un escritor en el siglo XXI es (o será en breve) híbrida.

Muchos y muchas (gracias por el gesto) me preguntáis impacientes por mi nueva novela, de modo que, sin más rodeos, os informaré del estado de las cosas… Y de algún asunto más.

Todos conocéis las existencia de mi novela El mensajero (Podéis leer los primeros capítulos aquí) —para más información seguid en Twitter el hashtag #AprendeAVerLasSeñales—. A fecha de hoy, dicha novela está en manos de un par de editoriales. Y ya sabéis: éstas llevan su ritmo. Pero me interesa que esa novela salga de la mano de una gran editorial, pues pienso que podría funcionar muy bien si se gestiona adecuadamente. Esta circunstancia hace que no pueda deciros fecha exacta de publicación. Yo no tengo prisa (y os pido que tampoco la tengáis; la espera merecerá la pena).

Por otra parte, deseo adentrarme en otros terrenos literarios y quiero también ofreceros algo que os agrade. Sabéis que nunca me olvido de vosotros ni de vosotras. Lo cual nos trae al segundo punto del post: estoy terminando una novelita breve, llamada La abuela que cruzó el mundo en una bicicleta y de la cuál podéis saber más pulsando aquí. He decidido comercializarla por mi cuenta, sin ni siquiera enviarla a ninguna editorial. Las razones es que este procedimiento me permitirá hacérosla llegar antes y a un precio ajustado. Esto no quita que en el futuro una editorial se haga con los derechos, pero los más comprometidos ya la habréis leído antes. Poco a poco iré ampliando la información a través del hashtag #DoñaMaruDice.

 

Estad atentos, una nueva aventura comienza

y podéis formar parte de ella.

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Unir los puntos en el cielo

¿Recuerdas aquel juego al que jugábamos de niños, el que consistía en unir los puntos numerados para descubrir qué dibujo aparecía al final?

Maru descansaba sus agotados huesos. Había sido un largo día. La bicicleta estaba apoyada a un árbol solitario que más tarde les daría cobijo.
El escritor engañado estaba junto a ella. Los dos miraban el cielo estrellado. Allí, en mitad del desierto, no había ni nubes ni edificios ni luces que dificultasen la visión de las estrellas.
—¿Ves esas estrellas? —dijo la anciana.
—Claro que sí. Son bellísimas y brillan como nunca.
—Eso es porque no hay nada que obstaculice su visión.
El escritor, tumbado boca arriba, mordisqueaba el tallo seco de un matojo.
—¿Recuerdas cuando eras niño —prosiguió doña Maru—, cuando jugabas a unir puntos para ver qué dibujo aparecía al final?
—Me encantaba —respondió el escritor con una sonrisa repleta de nostalgia.
—Pues esas estrellas son como los puntos de aquellos cuadernos. Si los unes correctamente, verás el dibujo.
—¿Y de qué dibujo se trata? —preguntó el escritor.
La anciana hizo una pausa antes de responder.
—Es el dibujo que tú mismo dibujaste siendo niño, el dibujo de lo que tú eres en realidad, pero que olvidaste, como le sucede a casi todos los adultos, cuando abandonaste la niñez. Y por eso, también como casi todos los adultos, estás triste: porque te olvidaste de quién eres en realidad.
El escritor estuvo a punto de dejar salir una lágrima.
—No te aflijas —le consoló la anciana—. Esa persona te sigue esperando. Jamás te ha abandonado. Sólo necesitas llamarla e invitarla a regresar.

«Los pasajeros» colaboran con Marsi Bionics

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Hoy quiero ofreceros otra acción dentro de la campaña Letras en acción. Pero antes, una pequeña historia.

 

Como si de la aventura de una banda de rock se tratase, recientemente recuperé los derechos de  mis novelas. Mi editorial habitual y yo nos «divorciamos». Se trató de un divorcio amistoso, elegante y nada traumático para ninguna de las partes (seguimos manteniendo una excelente relación). El caso es que decidí dejarlas descansar hasta que encontrase otro destino para ellas.

Desde los inicios de mi carrera he tenido claro que, más allá de mi labor literaria, quería desarrollar una labor social —algo que, desde entonces, he llevado a cabo en la medida de mis posibilidades—.

Lo cual nos lleva a este momento. Considerando el contenido de mi novela Los pasajeros, llegué a la conclusión de que no podría haber un mejor destino para ellos que servir a quienes más lo necesitan (tal y como sucedía en la propia novela). Y pensé que apoyar a Marsi Bionics era una fabulosa idea. Marsi Bionics es una empresa española que ha creado el primer exoesqueleto para niños [Más info aquí].

Ésta es la propuesta: hasta el 17 de julio de 2017, donaré 1 € por cada ejemplar vendido de la novela. El proceso será absolutamente transparente y se desarrollará del siguiente modo: en mi cuenta de Twitter @gabrirodenas publicaré el mismo 17 de julio un print con los ejemplares vendidos de acuerdo con Amazon; sin pudor, sin ego. ¿Qué significa esto? Que lo haré tanto si se han vendido 0, 1, 20 ejemplares como si 1.000 o 10.000.000. El número de ejemplares vendidos será la cantidad en euros que automáticamente donaré a Marsi Bionics a través de su plataforma. La donación se hará a nombre (nick) de Los pasajeros, y el print de transferencia se publicará también en Twitter.

No hay más reglas; no tienes que seguirme en Twitter. No tienes que hacer nada aparte de hacerte con la novela. El resto lo dejo a tu buena voluntad (aunque se agradece difusión).

Puedes seguir todo el proceso a través del hashtag #ElMundoQueYoQuiero.

 

Y ahora te pregunto, ¿te unes a Los pasajeros?

 

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Letras en acción

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Eduardo Galeano

 

¿Recuerdas las palabras de Eduardo Galeano «Mucha gente pequeña en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, pueden cambiar el mundo»? Yo pienso en ellas a menudo. Y, francamente, estoy muy de acuerdo con el escritor uruguayo.

Es por ello que he decidido proponeros un «trato»: os regalo la que fue mi opera prima (la de verdad, la que vino antes de El búnker de Noé —tranquilos, no voy a poner enlaces de venta ni cosas por el estilo—; «la novela que no se puede comprar, sólo «hackear»), Doppelgänger (una historia poco convencional, con un nombre muy raro, que se desarrolla a caballo entre España y México) y vosotros donáis lo que estiméis oportuno a EducoSave the Children. Obviamente de manera 100% voluntaria.

Creo que ha llegado el momento de que, entre todos y todas, y mediante pequeñas acciones, contribuyamos a mejorar la situación de los más desfavorecidos —cada uno en la medida de sus posibilidades—.

Así pues, aquí tienes el enlace para descargar Doppelgänger en diversos formatos. Sólo con haber llegado hasta aquí ya has hecho mucho, pues, si no puedes contribuir de manera económica, siempre puedes dar a conocer la iniciativa.

¿Te animas a mejorar las cosas?

Somos hijos del viento

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¿Qué somos?

No veo ninguna diferencia entre unos y otros. Personas, objetos. Apoyado en el marco de la ventana miro hacia la calle. Observo fotografías de alguien que se supone que soy yo cuando era pequeño, pero no soy capaz de recordar nada. Es como si, en cierto sentido, ése no fuera yo. Y así es. Ése no soy enteramente yo.

La melancolía es la sensación que se experimenta por la pérdida del objeto amado. No sé qué objeto amado he perdido yo y, sin embargo, siento una tristeza y un vacío que no parece deberse a nada. La definición de melancolía debe estar mal formulada.

Soy un hombre sin infancia, lo cual no es el motivo de mi pena.

Mis padres se divorciaron cuando yo tenía dos años. Es un asunto meramente legal, ya que mi padre se largó de casa cuando yo apenas tenía cinco meses.

¿Qué somos?

Somos el castigo por nuestros pecados. Somos el castigo por los pecados de otros.

En primavera experimento unas irrefrenables ansias de salir corriendo, de huir sin rumbo fijo. Mi padre dice que es algo que me viene de él (volví a verlo años después de que se marchase; me regaló un libro que no he llegado a leer: Pour un tombeau d´Anatole, de un tal Stéphane Mallarmé). Yo le contesto que sólo veo almendros, pienso en olivos, necesito el sol.

Las Moiras tejen para mí un destino incomprensible y fatal.

Enciendo un pitillo y miro por la ventana. Los niños aún juegan en la calle. Veo a Conchita. Veo al gordo de mierda que ya no vende tabaco en su kiosco.

El otro día un amigo (¿fue un amigo?) me llevó al cine de arte y ensayo. Pusieron películas de Val del Omar. En una de ellas se recurría a la vieja fórmula de las matemáticas de Dios: El que más da, más tiene. Una voz en off afirmaba «Pero qué ciegas son las criaturas que se apoyan en el suelo».

Hacía falta recorrer este camino absurdo para llegar hasta aquí. Fue preciso sacrificar una parte importante de mi vida para darme cuenta de eso.

Yo ya no tengo nada más, de donde se sigue que lo tengo todo. Sí, cierto que podría entregar mi tristeza, pero ¿quién puede quererla? Además, sin ella, ¿qué soy yo?

El frutero apila las cajas vacías en la puerta de la frutería. El señor Tommasi celebra su soltería bebiendo café, fumando puritos y leyendo libros extraños, vestido elegantemente, en la terraza.

Llevo quince días sin afeitarme porque ya no me reconozco.

¿Qué somos?

Somos hijos del viento.

 

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Las historias no nos pertenecen

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Tal vez lo que estoy a punto de contarte te resulte un poco extraño —en forma y contenido—. Pero creo que al final lo entenderás a la perfección.

 

Quisiera empezar hablando de la diferencia entre personalidadcarácter, aunque sea de un modo informal. La personalidad es el modo en que nos mostramos a los demás (no olvidéis que, etimológicamente, persona viene del latín y significa «máscara»; la máscara del actor en que nos convertimos), mientras que carácter hace referencia a nuestra verdadera naturaleza (proviene del griego Kharakter, el que graba). Se dice que el carácter sólo se muestra dos o tres veces en nuestra vida. Imaginad una persona tímida, débil en apariencia, pero que al verse asaltada derribase a su oponente de un golpe. Aquí podéis ver la diferencia entre personalidad y carácter.

 

Por lo que respecta a la escritura, pienso que se debería escribir desde el carácter y no desde la personalidad. Digo esto después de haber escrito varias novelas desde esta última perspectiva.

Desde mi punto de vista, el carácter es más genuino y la personalidad es una pose o un constructo un tanto artificial. Desde la personalidad, podemos organizar todo un storytelling que dé a entender que nuestra vida es un misterio excitante y que, en consecuencia, nuestras novelas presentarán esa misma cualidad. Pero lo cierto es que las historias no nos pertenecen. Al igual que el carácter, no sabemos cuándo harán su aparición ni por qué nos escogen a nosotros. El autor que piensa que las historias son elegidas ¡creadas! por él es, sencillamente, un ingenuo.

He llegado a la concusión de que un escritor es, ni más ni menos, un medium. No en el sentido esotérico del término (no solemos hablar con fantasmas —al menos, no siempre—).

Muchas personas se sorprenden al conocer al autor de tal o cual novela. «¿En serio este tipo tan simpático y amable es capaz de escribir esos libros tan turbadores?». Pues sí.

 

Para ilustrar lo que acabo de compartir con vosotros, os contaré una anécdota personal. Hace más de trece años, mucho antes de que se publicará mi primera novela «oficial» (El búnker de Noé) escribí una novelita corta: Doppelgänger. Por entonces yo era un escritor muy joven y la novela presentaba numerosos errores. Pero estaba escrita desde el carácter.

Después llegó otra etapa de  mi vida: aquella en la que traté de abrirme hueco en el mercado editorial. Para ello escribí tres novelas… desde la personalidad. No negaré que las cosas fueron bien y conseguí mi objetivo: ser fichado por una gran editorial.

Al igual que me enorgullezco de haber logrado mis objetivos, no negaré que la experiencia no fue tan gratificante como cabría esperar. No me convertí en un escritor rico y famoso, y algunas partes de mi alma preferían cubrirse la cabeza con una manta.

Trece años después de aquella novelita de nombre impronunciable, y después de haber caminado en la cuerda floja durante otros tantos, decidí afrontar la escritura desde el carácter. Fruto de ese empeño surgió El mensajero (a fecha de hoy en manos de doce editores sin piedad). La sorpresa fue enorme al descubrir que muchos elementos ya aparecían en aquel trabajo de juventud. La historia había vuelto a elegirme en lugar de tener yo que pelear con ella.

Tras leer los primeros capítulos o la obra completa (algunos lectores beta), alguien me dijo que no se explicaba cómo una novela así podía ser escrita por un tipo como yo. Mi respuesta fue la misma que hoy os doy a vosotros y es sobre lo que deseo que reflexionéis:

 

Porque las historias no nos pertenecen.

 

 

«El mensajero» Primeros capítulos

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Con la llegada de 2017 se hace necesario volver a salir al mundo, despertar a la novela que lleva varios meses durmiendo en el cajón e invitarla a que se busque la vida.

Intuyo que será un año largo y duro, pero no por ello menos divertido y cargado de buenas noticias. Lamento decir que El mensajero NO verá la luz en la que fuera mi editorial habitual, si bien todavía no he comenzado las negociaciones con ninguna otra. En pocas palabras: considerando que deseo que este trabajo entre en vuestras vidas por la puerta grande, de la mano de un gran sello, no hay fecha de publicación. Lo que no significa que no podáis ver una pequeña muestra de lo que encontraréis en el interior (si quieres saber más cosas, pulsa aquí).

Siempre he dicho que me debo más a los lectores y lectoras que a la industria —contra la cual no tengo nada y que, en líneas generales, me trata bastante bien—. Es por ello que, en un gesto de amor, compromiso y gratitud, he decidido compartir con vosotros y con vosotras unos cuantos capítulos de la novela antes ni siquiera de que sea remitida a editorial alguna.

Espero que sea de vuestro agrado y que me hagáis llegar vuestras impresiones.

Si eres usuario de Twitter, hemos habilitado el hashtag #AprendeAVerLasSeñales para que estéis informados de todas las novedades.

Bienvenidos a esta nueva aventura donde, otra vez, vosotros seréis los grandes protagonistas.

 

El Mensajero Primeros capítulos

 

13 sugerencias que me dio mi consejera espiritual

[Transcribo íntegramente los 13 sugerencias que mi consejera espiritual —la prestigiosa terapeuta Flu (por un casual también mi esposa)— me hizo llegar. Dado que ella está alejada de redes sociales y el contenido me parecía útil para los demás, con su consentimiento, aquí lo comparto con vosotros y vosotras.]

 

—No actúes impulsivamente. Haz siempre lo que consideres correcto tras meditarlo y sé tolerante con el modo en que lo reciban los demás.
 
—Sigue dando tu amor. Si a pesar de ello te golpean, lo acabarás superando, los que te golpearon sin embargo, no se podrán perdonarán haber asestado a alguien que sólo ofrecía amor. Si tú has asestado a alguien que sólo ofrecía amor, reconócelo y re instaura el equilibrio con esa relación.
 
—No hagas las cosas esperando reconocimiento o agradecimiento, pero no permitas tampoco que se te menosprecie.
 
—Sigue siendo tú. Si cambias por las decepciones vividas, los que te fallaron habrán ganado.
 
—Muéstrate compasivo con todos los seres vivientes, pero que la compasión empiece en ti, de lo contrario no podrás desarrollar la empatía con respecto a otros.
 
—Despréndete de tus prejuicios, hacia otras formas de pensamiento y hacia otras culturas. Pon en tu corazón a todos los seres con los que te encuentres, sus culturas, sus costumbres, sus raíces. Así, mirarás a los demás desde la humildad y el respeto, y podrás reconocer en el otro a un ser exactamente igual que tú.
 
—¡Quiere mucho! Pero quiérete para empezar a ti, de lo contrario el amor que ofrezcas siempre estará sujeto a condiciones.
 
—¡Ama, por encima de todo! Especialmente a los que te hirieron, a los que te fallaron, a los que te humillaron, a los que te decepcionaron. Así no darás opción a que nadie te domine.
 
—Piensa bien antes de proceder y libérate de la necesidad de explicarte y/o justificarte. Las explicaciones gratuitas pueden ser armas que en algún momento se vuelvan contra ti, y la necesidad de justificarte indica que no estás del todo seguro de tus acciones.
 
—No emitas juicios de valor y no permitas que otros los hagan en tu presencia. Recuerda que lo que Juan dice de Pedro dice más de Juan que de Pedro. Además, ¿que te hace pensar que el próximo Pedro no serás tú?
 
—¡Sé auténtico! Déjate fluir y vive conforme a tus valores. Persigue tus sueños y que no te importen las opiniones que estos susciten.
 
—¡Vuela! Vuela por encima de las críticas. No ataques lo que no te gusta, ¡Inspírate con lo que te encanta!
 
—Por último, considera de un modo especial en tu vida a aquellos que te aceptan en tu totalidad, a esos con los que puedes ser enteramente tú. A quienes conocen tus debilidades, tus vergüenzas, tus miserias y aún así permanecen a tu lado. A ellos, colócales en un lugar exclusivo en tu corazón.
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Perdido en el Storytelling

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Esta mañana leía por casualidad una entrevista a una joven autora que está cosechando buenos éxitos escribiendo novelas dentro de un género que prefiero no señalar para no despertar suspicacias (vaya por delante el hecho de que soy de esas personas a las que siempre le alegra el éxito ajeno). La entrevista se desarrollaba por los cauces habituales en estos casos hasta que, en un momento dado, la necesidad —casi empresarial— del storytelling hizo su aparición. ¿Que qué es el storytelling? Bueno es muchas cosas, es —como su nombre indica— contar historias, pero aplicado al caso que deseo comentar es esa historia que explica por qué acabaste siendo lo que eres. Es ese accidente de Stephen King cuando fue atropellado mientras hacía jogging; ese relato del tipo que se vio en la calle con dos dólares en el bolsillo y acabó convirtiéndose en un famoso multimillonario;  es la melodía del pandillero que crecía y vivía al oeste, en Filadelfia, y que resultó ser una estrella del rap (o del boxeo) al pasar los años, es… ¿Lo pillas? Claro que sí.

Total, que allí estaba la joven y exitosa escritora con su iPhone, su cuenta de Instagram, de Twitter y de Facebook, tragando saliva —sin mucho empacho, todo sea dicho— al contar su historia personal, la razón que le llevó a escribir esa novela ya escrita varios millones de veces. Su historia era banal, artificial, carente de verdadero interés —como la de ese amigo que acaba de divorciarse, se toma tres copas con los amigos, y considera que su interesante vida es digna de ser novelada («¿Por qué no escribes una novela sobre mi vida?». Te ha pasado, ¿a que sí?)—. No obstante, ella hacía lo que la industria exige: tratar de añadir pimienta a un guiso insulso por la sencilla razón de que… ¡la salsa es lo único que cuenta del plato!

Todos sabemos que hay dos tipos de escritores (artistas en general): los Borges (la biblioteca/videoclub/Internet como fuente de inspiración y conocimiento) y los Hemingway (la vida como materia prima). No hay que sentir vergüenza por ser de un tipo o de otro. Ahora bien, el problema surge cuando, a pesar de formar parte del primer grupo, la maquinaria nos fuerza a tener que aparentar ser del segundo; nos mueve a crear una leyenda a nuestro alrededor (el misterio, la razón fundacional). Por desgracia y con frecuencia, esa historia está tan trillada como las novelas que escribimos, es tan sosa o tan insignificante, lo cual no parece importarle demasiado al público, siempre ávido de novedades. Pero éste no es el punto de mi pequeña reflexión dominical.

A lo que hoy quiero invitaros es a no creer ni crear una historia personal: ni la tienes ni te hace falta. A fin de cuentas, ni tú ni yo sabemos de dónde surge eso que llamamos inspiración, de modo que no te compliques la vida. Quizá las historias no nos pertenezcan, sino que nos eligen por una razón que no podemos comprender.

Doy otro sorbo a mi café y pienso en ti. Creo entender lo que quieres preguntarme. Admítelo. Quieres conocer mi historia personal. Pues bien, lamento desilusionarte. No hay historia personal ni drama. Mi storytelling es de bajo perfil, apenas existe, pero si insistes te contaré una breve e insustancial historia: leo, vivo, pienso y escribo. FIN.

También a ti te recomiendo lo mismo. Hazme caso: te sentirás más ligero.

Las señales son el idioma que habla el Universo

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No te asustes todavía. No voy a sugerirte que pongas velas por todas partes, que recites mantras ni cosas por el estilo. Créeme, soy un tipo racional a quien le costó mucho llegar a la conclusión que estoy a punto de compartir contigo.

Como tal vez sepas (o no), acabo de terminar una novela, El mensajero —en Twitter puedes seguirle la pista a través del hashtag #AprendeAVerLasSeñales— cuyo objetivo es mostrarte cómo puedes detectar las señales que el Universo te envía constantemente a fin de guiarte a lo largo de tu travesía por esta vida y por esta tierra. ¿Con qué objetivo? Bueno, me temo que tendrás que leer la novela para saber un poco más.

Lo que hoy quiero que entiendas es que no se trata de un libro de autoayuda o desarrollo personal enmascarado, novelado. Nada de eso. Es más bien un relato inspirado en algo que a ti te sucede a diario sin que, quizá, te des cuenta.

La tesis principal es que las señales son el lenguaje que habla el Universo. Afirmo que puedes aprender a interpretarlas con un poco de entrenamiento y apertura de mente.

Para que veas de qué modo funciona este asunto y hasta qué punto está alejado del esoterismo o la magia te pondré un ejemplo en el cual he omitido los nombres para preservar su privacidad.

Muy bien, ¿estás listo?

Perfecto. Imagina que eres un escritor de clase media —ya sabes, no eres ni Ken Follet ni Arturo Pérez Reverte, pero te has abierto hueco en el delirante mundo de las editoriales y el asunto este de escribir—. Imagina que algo en tu interior te pone sobre aviso y te invita a reflexionar sobre el incierto futuro de la literatura (al menos para un gran número de autores, entre los cuales puedes incluirte). Imagina que recibes la llamada de un amigo director de cine, que te pide que le eches un vistazo al montaje de su última película. Habláis sobre cierto guionista. Imagina que, en el plazo de 24 horas, dicho guionista, a quien admiras desde siempre, entra en juego, como por casualidad. ¿Casualidad? Admítelo: ya sabes que el azar no existe. Total, ese guionista también es escritor de novelas (lo cual no ha impedido que haya sido nominado a los Oscars en alguna ocasión o que uno de sus trabajos se haya hecho con un merecido premio en Cannes). Te detienes un segundo y miras el cuadro en su conjunto con una cierta perspectiva. Alguien podría ver estos como acontecimientos aislados. Pero tú no, ¿verdad? De modo que te preguntas de qué va todo esto. ¿Se debe a una serie de complejas coincidencias? Resulta evidente que no. Si has aprendido  ver las señales —y es lo que quiero transmitirte—, sabes que hay un mensaje inicialmente oculto en todo esto. ¿Cuál es? ¿Sabrías decírmelo?

Yo te ayudaré. Este ejemplo es tan verídico como trivial, pero el mismo mecanismo funciona con asuntos más decisivos.

Bien, te detienes, dejas que tu mente se relaje y que toda tu sabiduría inconsciente, tu instinto, te dé la solución. En este caso es que convendría prestar atención al sector audiovisual, que quizá no sea mala idea pensar en trabajos que puedan rodarse (lo que no significa renunciar a tu carrera como escritor). ¿Lo vas pillando?

Ya te dije que no había nada mágico en el asunto, pero sí hay algo un tanto incomprensible y sorprendente en todo ello. Cuando abandonamos las pretensiones de racionalidad absoluta, cuando advertimos con humildad que hay cosas que escapan a nuestro conocimiento pero que operan igualmente, entonces el mensaje se revela.

A ti te corresponde dar el siguiente paso, pasar a la acción. Después, tu vida ya no volverá a ser la misma. ¿Estás dispuesto?

#AprendeAVerLasSeñales