2013

 

Todo termina el 31 de diciembre de 2012.

 

Imagino que algún lector pensará que voy  hacer una especie de balance del año que acaba de morir mientras escribo estas líneas y algún que otro propósito de enmienda con publicidad encubierta. Tal vez, alguien espere que haga un discreto recuento de ventas y primeros puestos en diversas listas y rankings. Puede incluso que haya gente que considere que es el momento «ideal» para fanfarronear: tal o cual escritor famoso leyó alguna novela mía y le gustó y… mi novela se mencionó en ese importante periódico o revista o… Bien, lamento defraudarles (aunque tanto usted como yo sabemos que es un gran alivio, ¿verdad?).

Repito: todo termina el 31 de diciembre de 2012. El detonante, una sesión de cine ochentero con mi hijo de casi diez años, antes de cenar, para despedir el año. Las películas elegidas para la última proyección de 2012 fueron The Goonies (en un segundo, e infructuoso, intento de que despertase su interés) y una fortuita Cuenta conmigo (Stand by me) que, contra todo pronóstico, fue su favorita.

 

LOS GOONIES - The Goonies - 1985

 

Para muchos de nosotros, Los Goonies tiene más peso en nuestra memoria, pero debo reconocer que el shock se apoderó de mí mismo durante el visionado de la segunda.

 

cuentaconmigo8609

 

Para quienes no la conozcan, diré que Cuenta conmigo está basada en un relato de Stephen KingThe Body») y trata de unos chavales que salen en busca del cuerpo sin vida de un niño. Típico viaje iniciático o pretexto para retratar el tránsito de la niñez a la adolescencia en todo su esplendor o el principio de la vida adulta. Nada novedoso… hasta que la «magdalena proustiana» se apoderó de la escena.

Viendo aquella película al lado de mi hijo, un preadolescente de clase media en pleno siglo XXI, advertí lo poco que a nuestra época le queda de la imaginación y no sólo eso: tampoco los valores más elementales han quedado incólumes. Valores, dicho sea de paso, en sentido extramoral, como sugeriría Nietzsche, o, para los menos sofisticados —como yo— sin la menor connotación moralizante. Entiéndanme, no soy un predicador.

Querría extenderme sobre este asunto, sí, es cierto, pero no deseo abusar de su confianza y su paciencia. Lo que pretendo transmitirle simple y llanamente es que nos han dado gato por liebre. Nuestra cultura, progresivamente tecnologizada, despersonalizada, organizada hasta extremos inimaginables, sometida a la esclavitud del dinero y dotada de pretextos tales como la cacareada «seguridad», ha aplastado hasta el último vestigio de libertad genuina, de placer y disfrute, ofreciéndonos a cambio sucedáneos de vida y de todo lo demás; sustitutos que hemos devorado como si del maná se tratase y que pronto tendremos que arrojar muy lejos de nosotros si queremos avanzar de verdad.

 

Probablemente recuerden lo divertido que era eso de poder contactar con los amigos de la infancia a quien hacía años que no veíamos (o que ni siquiera sabíamos de ellos) a través de las redes sociales o aquello de recibir y enviar mensajes por whatsapp y ahorrarnos así un dinerillo. ¿Recuerdan lo maravilloso que era poder salir de casa con el teléfono a cuestas sin tener que estar pegado a un terminal fijo? Por supuesto… o cuando nuestros pequeños nos sorprendían con su dominio de la tecnología hasta puntos insospechados por nosotros. Sí, todo aquello era muy divertido. Todo aquello que tuvo lugar hace escasos diez años era muy, muy divertido.

¿Qué tal si lo vemos a la luz del presente, como si de un conocido cuento de Dickens se tratase? ¿Seguirá siendo tan divertido?

 

¿Les suena esta imagen? ¡Claro que sí! Puede imaginársela con todo tipo de variantes (amigos, familia, trabajo, etc.).

 

whatsapp 0

 

 

Hay gente, y no sólo las adolescentes japonesas, que ya no pueden salir de casa sin el móvil e incluso se ha acuñado un nombre para una nueva enfermedad o síndrome: Nomofobia (como si fuese necesario salir con el panóptico a cuestas…). Hay gente, y no sólo las personas sin formación, que no saben llegar a casa y mantener una conversación con sus familias sin tener la televisión encendida. Hay gente, niños, que son incapaces de jugar entre sí sin una consola de por medio… Honestamente: no es divertido en absoluto. Es alienante, si me permiten un término un tanto en desuso.

 

De modo que, para no extenderme mucho más, también yo he decidido hacerme y cumplir un único propósito: detener el engranaje, tomar distancia… volver hacia atrás. No me malinterprenten, no abogo por un retorno al paleolítico, pero sí a un uso moderado de todas estas herramientas de la «libertad» que nos han sido otorgadas y un uso no tan moderado de aquello que se ha dado en llamar «vida»; a una época donde el contacto entre seres humanos y de humanos con la naturaleza era mayor; a un momento en el que los sueños eran maravillosos; a un barco pirata, un grupo de detectives sin recursos aparte de su imaginación, un paseo en bicicleta, una buena conversación, una acampada bajo las estrellas, una carta escrita en papel, un paseo por la playa, una partida al Cluedo  o al Risk, una mañana que no arranca con un vistazo al móvil, la lectura de un buen libro sin la compulsión de meter las narices en Twitter o Facebook o el correo electrónico o…

Mi regalo para todos ustedes es sencillo, gratuito y disponible para todos: una vida mejor y simplificada. No se lo piensen dos veces y háganme caso; no se arrepentirán.

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9 comentarios en “2013

      1. Están llegando demasiado lejos, desde luego, pero aún nos queda rato de innovaciones tecnológicas por las que nos dejaremos llevar y adoptaremos como parte de nuestra forma de vida. Un saludo!

  1. Amigo Gabri, te has coronado. Cuanta razón.
    Uno de mis propósitos es este, dedicar mucho menos a las pantallas (exceptuando la de mi ereader). Desde hace más de un año vivo sin TV, dedico lo justo a la sobreinformación (no os fiéis mucho de los medios y contrastad, lo dice un periodista), y de vez en cuando escapo a la playa o el campo, lugares sin wifi y apenas sin cobertura.

    Bien es cierto, que no se trata de actuar como Salinger y abandonarse a la montaña, y menos sustituir el ordenador por la máquina de escribir (seamos prácticos, salvemos árboles).

    Sin embargo, el problema creo que surge más en la red de redes, en la comunicación, en los perfiles sociales y la tecnología que nos une con los que están lejos y nos alejan de los que tenemos cerca. Ha nacido un nuevo código de comunicación, las relaciones son más frías y esto va a crear una gran diferencia en el despertar de las emociones.

    A veces me planteo regresar a mi viejo Nokia 3310, pero maldita sea, qué sería de mí sin mi iPod!

    un abrazo y feliz año.

  2. Pues de los regalos mas maravillosos que pueden hacernos. Y lo original es que no viene envuelto en papel de regalo, ni siquiera en papel, no hay caja que pueda contenerlo ni tienda donde se pueda comprar, incluso no hay tarjeta ni banco que pueda, ni quiera probablemente, financiarlo, y me temo que ninguna gran empresa. Y eso me hace sentir que cuando reaccionan así es porque algo temen, y temen precisamente que nos hagan ese regalo, aunque siempre se complacerán al pensar que la gente no sepa valorarlo y vuelvan al poco tiempo al redil pantallíl, que ya no volverán a asomarse a los balcones, sobre todo porque no se construyen. Y ¬¬ no me extrañaría porque así ya tampoco mira la gente al cielo a ver que tiempo hace, basta con abrir la app meteorológica y consultarlo.
    Y tampoco hay niños jugando al fútbol en el pasaje, ni balones, ni portales que hagan de portería porque un gran cristal lo impide. El fútbol de ahora se juega con las piernas….cruzadas sobre el sillón y las manos sobre los mandos.
    Acaban de enviarme un wapp desde la cocina, la cena está lista, espero que no llegue el momento en que se pueda rebañar la pantalla con pan y sepa este a serrano con acéite 🙂

    Tu regalo es demasiado para un mundo cada vez mas comprimido pero a mi me ha encantado y sigo disfrutándolo!

    Un abrazo crack!

    1. Carlos, siempre tan afilado y con la percepción puesta en los detalles y las conexiones ocultas. Gran lector, gran escritor, gran amigo y, quizá en el futuro, gran agente secreto… 😉

  3. Hace años muchos se reían de lo del “seppuku digital” por cuestiones de privacidad y ya hay mucha gente que se plantea no sólo el “qué quedará de mí y dónde”, sino el “coste de oportunidad” a nivel emocional día tras día del uso de la tecnología y de la deformación de las relaciones. Y eso que en mi círculo de conocidos yo soy el enganchado a las tecnologías; pero aunque las use a diario de manera intensiva, siempre me estoy planteando el precio y el si renuncio a algo por ello.

    La epifanía con un churumbel al lado viendo películas todavía me queda grande, pero creo que entiendo la sensación por experiencias similares.

    Ahora que he pasado a diseñar juegos de mesa en lugar de tanto software, me van a hacer falta muchas reflexiones como la que has escrito.

    Saludos.

    1. Llevas toda la razón, Dani. En efecto, una serie de herramientas útiles han acabado poniendo de manifiesto su cara más aterradora: el panóptico perfecto… No obstante, tengo infinita fe en la especie humana 😉

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