Fin del recreo

Supongo que ya podemos sincerarnos. Os he escuchado durante más de un año y vosotros a mí, luego es justo por mi parte aclarar algunos conceptos.

Cortázar gato

Dos circunstancias han precipitado esta decisión: la primera es la insistencia del fantasma de Julio Cortázar a la hora de presentarse en mi mente. Lo viene haciendo desde hace bastantes años, con el agravante de generar de manera automática el recuerdo de un viejo amigo cuyo parecido con el escritor es nulo; pero estas dos últimas semanas no deja de frecuentarme. Es por ello que he decidido aparcar todas mis lecturas y dedicarle algún tiempo, pues, por imperativo onírico, sé que quiere decirme algo. Que nadie se preocupe; todavía no he perdido la cabeza ni tengo intención de hacerlo.

La segunda razón atiende al recuerdo súbito de un comentario de otro viejo amigo, a saber, la mención de su preferencia por algunos relatos cortos míos frente a mis novelas. Este otro amigo es a su vez un gran lector, de modo que me vi obligado a considerar seriamente sus reservas. Debo decir que no llevaba razón al cien por cien. De hecho, a fecha de hoy, tiendo a considerar que no había comprendido el núcleo de mi escritura más reciente, dejándose guiar por la forma.

Nada, por tanto, me hace pensar que algún otro lector no haya podido llevar a cabo una lectura o interpretación errónea por los mismos motivos. Y no pretendo justificarme; asumo plenamente la responsabilidad de esa posibilidad.

Lo diré sin muchos rodeos: no me interesan ni las conspiraciones ni las hamburguesas ni las novelas de acción. Ni siquiera soy un lector habitual de literatura de «consumo», a pesar, claro está, de no tener nada en contra de ella.

¿De qué hablan mis dos primeras novelas realmente? Relatan la historia de un «cambiazo», de la pérdida de la libertad individual genuina por un sucedáneo impuesto por el establishment;

hablan de los intentos de una élite de convertirlo todo y de manera progresiva en dinero. ¿Acaso alguien pensaba que Chandler o Hammett, por poner dos ejemplos, sólo escribían sobre detectives y pistolas? Claro que no.

Author Raymond Chandler in His Study

Me dejé llevar por un cierto entusiasmo, por la fe en un cambio inminente, llegando incluso a bautizar la serie compuesta por El búnker de Noé y Estación Orichalcum como Serie Anonymous. Fallé en mi diagnóstico. Al igual que otros tantos movimientos previos, el Anonymous no pasó de ser un conjunto de acciones pintorescas, anecdóticas o, en cualquier caso, ineficaces a la hora de concienciar a la población acerca de los peligros de seguir a pies juntillas las órdenes del «Gran hermano».

Y, ya arrodillados en este confesionario virtual, sin más dios que un espacio potencialmente infinito entre nosotros, ¿por qué no admitir que opté por una temática fresca y muy moderna a fin de darme a conocer de la manera más generalizada posible? No soy de los que piensan que al lector no se le debe dar nada hecho, llegando incluso a despreciarlo. Nada más lejos de mi intención. Pero, por una cuestión de respeto hacia ellos (y hacia mí, dicho sea de paso), tampoco estimo que haya que atentar contra su inteligencia e insultarla al dárselo todo masticado.

No sé el rumbo que tomará la literatura en general. Tampoco soy un apocalíptico redomado. Después de todo, sea como sea y en el formato que sea, la gente nunca dejará de contar historias. Me horroriza, también lo diré, el pobre calado literario y, sobre todo, conceptual de la mayor parte de publicaciones contemporáneas: desde el eterno retorno, escasamente remozado, del exitoso esquema chico-chica-desencuentro-final feliz hasta otras insustanciales creaciones al hilo de algún gran éxito comercial. Sobran detalles. Y no seré yo quien critique ni una cosa ni la otra, puesto que, como fiel defensor del criterio del público, les estaría criticando a ellos, a los lectores que tanto y tanto me han apoyado y siguen haciéndolo y a quienes me debo.

Sí, siento una gran respeto hacia los lectores, tanto como por la literatura, y por esta razón retomo un mi camino, que no es otro que el abandono de aspiraciones comerciales y la apuesta por una literatura sólida –al margen de la suerte que pueda correr-. ¿Supone esto una especie de rechazo velado de mi obra anterior? Ni mucho menos. Supone un ejercicio de honestidad, un hablar claro sobre lo que subyace en esas páginas; supone un desnudar cada palabra a fin de que diga y muestre lo que debe decir y mostrar (en su silencio); supone, en definitiva, un fin del recreo y un regreso a la literatura hardcore.

Vosotros me entendéis.

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2 comentarios en “Fin del recreo

  1. Si te soy sincero, creo que tus novelas tienen varias lecturas. Se puede leer de manera ligera u optar por ver un poco más el fondo. El búnker tenia su miga, y Orichalcum remató por donde nunca habría imaginado. Y eso, no es fácil de conseguir. Por otro lado como autor solo presta dejar que sean los lectores los que decidan como interpretar lo que pones ante ellos.

    A veces incluso son ellos los que sorprenden al autor (Con algún relato me ha pasado a mi mismo )con algunas interpretaciones o lecturas nunca planteadas a la hora de crearlas.

    Sea como sea, aquí tienes un lector deseando disfrutar de tus creaciones. Sean SOFT o HARD 😉

    Un abrazo.

    1. Coincido contigo al 100%, Juan Luis. Los lectores no dejan de sorprendernos, como bien sabes. Siempre serán nuestros mayores aliados. Como siempre, un gran consejo de un gran amigo como vos 😉

      Abrazos
      G

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