PIENSA EN GRANDE, ACTUA EN PEQUEÑO

 

 Imagen

 

Supongo que mucha gente piensa que escribir una novela es algo que, una vez terminado, apenas deja un poso; se pasa a otra y la vida sigue igual. No es así en mi caso. Soy incapaz de separar la escritura de mi propia evolución personal, aunque no es algo de lo que quiera hablar hoy.

El tema de este post es ofrecer alguna idea acerca de cómo mejorar las condiciones de vida de muchas personas que se encuentran actualmente en una situación desfavorable y hacer extensiva la solución a otro tipo de problemas.

Desde mi punto de vista, uno de los males que padece nuestra sociedad es la deshumanización y el miedo; un miedo al desamparo y a la violencia. Ese miedo nos hace confiar casi ciegamente en unas instituciones que, a todas luces, dan muestras de estar agotadas y, lo que es peor, alejadas de cualquier preocupación de la ciudanía. Esta mafia de nuevo cuño y de guante blanco, esta élite extractiva, constituida por políticos, banqueros y empresarios sin corazón, nos desagrada, pero nos resistimos a no rendirle pleitesía por temor a ese caos que sobrevendría a su desaparición (ya se han encargado ellos de saturar nuestras retinas con imágenes de esa otra sociedad salvaje tomadas de los márgenes de nuestro mundo, el horror a las puertas del Imperio).

Estas cuestiones suponen la base de mi novela Los pasajeros, mencionada aquí de manera anecdótica y sin ánimo publicitario (no incluyo link ni información de otro tipo) y, dando vueltas al modo de ofrecer soluciones o sugerencias de mejora, llegué a la conclusión de que una de las formas de dar la vuelta a la tortilla es pensar en grande y actuar en pequeño. El poder establecido siente (o debería sentir) pánico ante una hipótesis: que la sociedad civil se organice de tal modo que acabe advirtiendo que para garantizar la convivencia no es preciso el poder del Estado (ni, en consecuencia, su mantenimiento).

Pongamos un ejemplo. Millones de personas en España (estamos a finales de 2013) viven por debajo del umbral de la pobreza y las medidas procedentes del Gobierno (sea el que sea) no pasan de ostentar una naturaleza meramente cosmética. Tan sólo la colaboración ciudadana ha sido capaz de ofrecer un poco de alivio a familias y personas sin recursos y en situación desesperada: Cáritas, Banco de Alimentos, organizaciones locales varias, familiares y amigos… ¿Ha visto alguien alguna iniciativa similar por parte de gobiernos o entidades bancarias? No, ni la verá. Tampoco las macroempresas –ni siquiera las más “volcadas” en los peques- llevan a cabo acciones de alcance, es decir, aquellas que no se ven en televisión. Por mencionar un caso, McDonald´s prefiere arrojar al contenedor los excedentes del día en buen estado a llevarlos a un comedor social (supongo que por miedo a las represalias; ¿imaginan a un pobre denunciando a la cadena porque una hamburguesa en mal estado (y que no ha pagado) no le ha sentado bien?[1]).

En mi caso, la redacción de esta novela me ha hecho comprender que quedarse de brazos cruzados constituye un acto cobarde y conformista. La siguiente pregunta es, “¿Qué se puede hacer?”. Pensar en grande y actuar en pequeño. ¿Cómo se materializa eso? Decimos que pensamos en grande cuando nos referimos al deseo de cambiar el estado de las cosas (propósito excesivamente general y vago) e invitamos a actuar en pequeño realizando acciones locales y directas, tales como:

 

1-    Comprar en pequeños establecimientos del barrio.

2-    Aportar alimentos, ropa, juguetes, mantas a las muchas organizaciones ciudadanas que, seguro, actúan en tu propia ciudad, cerca de ti. ¡Ya habrá tiempo para arreglar el medio ambiente, el hambre en el mundo y esos conceptos generales! Haz por solucionar aquello que puedes tocar con tus propias manos; aquello que ven tus propios ojos.

3-    Cambia el chip. Dejar constancia de tu malestar el la Red está bien, pero no resolverá muchos de los problemas concretos de los que te rodean. En otras palabras: pasa a la acción (siempre, por supuesto, de acuerdo a tus posibilidades; no es cuestión de demonizar a nadie ni autoflagelarse ni, dicho sea de paso, renunciar a caprichos o a una vida abundante. Las buenas acciones y el activismo no deben estar reñidos con la idea de “la caridad empieza por uno mismo”, que nadie lo olvide).

4-    Desconfía de los grandes discursos, especialmente de aquellos que provienen del establishment. Ninguna solución vendrá dada por aquellos cuyos únicos objetivos son medrar y medrar.

5-    ¿Te gusta la cultura? Apoya a artistas emergentes mediante el crowdfunding y no sólo a los mainstream incapaces de dejar de escuchar la voz de su amo y morder la mano que le da de comer.

6-    Apaga la televisión y el móvil y sumérgete en otros universos: la realidad, los amigos, la familia, los libros; recuperemos lo físico.

7-    Repito y cierro: empieza por prestar atención a aquello que te rodea, lo que está cerca de ti (vecinos, seres queridos, habitantes de tu ciudad, etc.) y a partir de ahí ve ampliando tus horizontes.

 

El cambio es posible y está al alcance de tu mano. Sólo hay que querer y poner manos a la obra. ¿Empezamos por desconectar este aparato? ¡Claro que sí! Hay todo un mundo ahí fuera… Clic.


[1] Esta información me ha sido directamente confiada por un trabajador de la cadena. Al no poder aportar pruebas, invito a cualquiera a considerarla un mero rumor.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s