Algunas observaciones a propósito de Los Pasajeros

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Los lectores que ya han disfrutado de las primeros capítulos de Los pasajeros no han dudado en calificarla de “valiente”, “arriesgada”, “atrevida”, “hipnótica” e incluso de “rara”. Yo añadiría a la lista de calificativos el de comprometida. He decidido, por tanto, y antes de su próximo lanzamiento ofrecer algunas consideraciones sobre la misma.

Lo primero que advertirá cualquiera que se adentre en sus páginas será que la novela arremete contra cualquier convención propia de cualquier género al que se la quiera adscribir (¿Thriller sin armas ni violencia ni sexo? ¿Ciencia-ficción sin naves espaciales procedentes de planetas lejanos? ¿Fantasía sin orcos ni ninfas ni vikingos?). Nada de esto es gratuito.

Ciertamente, Los pasajeros se aleja sustancialmente de mis anteriores trabajos; es un obra más contundente.

¿A qué se debe este cambio de registro? La decisión atiende a razones morales. Desde mi punto de vista, nuestro país -y mucho me temo que el resto del planeta- atraviesa un momento histórico delicado. Es obligación de un autor no sólo entretener (que también), sino también aportar ideas y herramientas necesarias para el cambio. Siempre he defendido que entretenimiento y cultura no son excluyentes y, en este periodo, este presupuesto se hace más necesario que nunca.

De haber escrito una novela de mero entretenimiento -repito que Los pasajeros cumple esa función (de lo contrario habría escrito un ensayo)- consideraría que habría contribuido al mantenimiento del statu quo, ofreciendo otra cortina de humo y un poco más de “opio” que desviase la atención del estado real de las cosas.

En este sentido, y sin ánimo de resultar presuntuoso, puedo asegurar que Los pasajeros es una novela necesaria, entendiendo por “necesaria” en este contexto una narración útil para el conjunto de la comunidad; una novela humana y con pretensiones de trascender el espacio puramente literario. Una novela que ofrece armas, siempre pacíficas, listas para promover una sociedad más igualitaria y justa.

Tal vez esto suene un poco brechtiano. Nada más lejos de mi intención.

Puedo adelantar, y lo hago sin ningún pudor o falsa modestia, que Los pasajeros no dejará indiferente a ningún lector. Si para bien o para mal lo dejo a vuestra consideración. Por lo pronto, y si os apetece anticiparos al futuro, os invito a hojear sus primeras páginas y sumergiros en un viaje en el tiempo de la mano de una filósofa, un médium, un chaval que vive en una furgoneta, El Zorro… y una peculiar gata.

¡Larga vida a los hombres y mujeres libres!

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