El verdadero Albatros (una historia de sincronicidad)

En ocasiones (dicho sólo por educación —lo cierto es que sucede siempre)los acontecimientos nos eligen a nosotros y no nosotros a ellos.

Sobre la cuestión de la sincronicidad ya hemos ido viendo muchas cosas a lo largo de este blog y hoy quiero insistir en ello con una historia curiosa (sí, amigos: todo está conectado.)

Algunos sucesos lejanos, en ocasiones olvidados, vuelven a nosotros con más frecuencia de la que estamos dispuestos a creer y dejan una huella duradera en nosotros. Hoy estaba buscando imágenes para ilustrar este post sobre el origen de mi personaje Albatros, el protagonista de mi novela homónima (Albatros, Megustaescribir/ Random House.) Para mí, Albatros nació en mi infancia. Bueno, en realidad «existió». Aquí os dejo un vídeo de sus primeros pasos.

Así es, Albatros (Albatross) era un personaje de un videojuego retro al que yo jugaba cuando podía en los viejos recreativos (los Arcade de toda la vida), concretamente el Rolling Thunder (primera parte 😀 .) A la hora de bautizar a mi propio personaje —algo que tuvo lugar unos treinta años después— no dudé en recurrir al nombre de aquel agente tan estilizado y misterioso.

Hoy, como ya he dicho, buscaba alguna imagen para adornar estas palabras y he topado, entre otras cosas, con una curiosa entrada que relacionaba a Albatros con un tal Dylan Dog, a quien yo ya no conocía.

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Dado que visten igual, sigo sin saber si éste es Albatros o Dylan Dog…

«¿Dylan Dog? Busquemos más info sobre este tipo», me dije… Y, Voilà!, aquí se disparó la pistola de las conexiones. Ciertamente, Dylan Dog no tenía mucho que ver con el Albatros de mi infancia, pero…

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… Sí con el de mi novela. Y, por si fuera poco, sí con alguno de mis anteriores trabajos —en particular con Los pasajeros. Quienes conozcáis esa obra sabréis que el cuadro Golconde, obra del pintor belga Magritte, es decisivo (casi un personaje más, de hecho.) Pues bien, imaginad cuál sería mi sorpresa al descubrir que en una de sus aventuras, el amigo Dylan Dog tenía que enfrentarse ni más ni menos que a…

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No pude evitar sonreír. Y es justamente lo que os deseo a vosotros: mucha lectura y risa abundante.

Feliz día, pasajeros.

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