Pon una acróbata en tu vida

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Flu, mi esposa, es también mi «acróbata».

Ya sé que debería haber titulado esta entrada «un acróbata» o algo similar. Y no, «una» no es una errata, dado que estaba pensando en mi acróbata personal, es decir, Flu —mi esposa—.

Es más, ahora que lo pienso, debería haber titulado esta nota de un modo completamente distinto, pues de lo que quiero hablar es de importancia de la DIVERSIÓN.

Creo recordar que ya he dejado algunas cosas escritas por ahí. Sin ir más lejos, no hace mucho confesé mi adoración por Richard Branson, ya que él ha sabido incorporar a todas sus actividades y empresas el elemento mágico. ¿Y cuál es ese elemento mágico? Ya te lo he dicho: la diversión.

Tendemos a pensar que la productividad, el rendimiento, los beneficios, etc., etc., son lo más importante de cualquier trabajo. Y no niego que no constituyan aspectos relevantes, pero piénsalo un poco: ¿no crees que un poco de diversión añadiría colorido incluso al trabajo más ingrato?

No le faltaba razón a Confucio al decir aquello de «encuentra un trabajo que te guste y ya no volverás a trabajar en la vida». Puede parecer una paradoja, pero no lo es en absoluto. De hecho, envía viejas creencias incapacitadoras al fondo del mar (¿recuerdas aquello de «ganarás el pan con el sudor de tu frente» o «ararás la tierra con tus manos»?) ¿No es acaso mejor disfrutar del camino y saborear la vida en lugar de atravesarla entre quejas y lamentos?

Creo estar oyéndote: piensas que me he subido al carro del new age o que repito los manidos mantras de una nueva plaga de coaches. Pero lo cierto es que no tiene nada que ver con eso.

Te pondré un ejemplo inverso para que lo entiendas a la perfección.

Imagina el trabajo ideal, supongamos escritorEs cool, no tienes jefes ni horarios (craso error), puedes realizarte en él…

Ahora imagina que estás escribiendo una novela por presión de tu editorial, porque cada año tienes que sacar una novela al mercado, porque tu amante o tu agente te lo ha pedido, porque… Termina tú la frase. ¿Cómo afrontarías la tarea? ¿Consideras que el resultado sería el mismo? Ya te lo adelanto yo: NO. Y no porque se convertiría en algo mecánico y rutinario y, por supuesto, porque le falta el elemento mágico del cual hemos hablado: la diversión.

Así pues, a partir de ahora, afronta cada momento de la vida, cada aspecto del trabajo, cada instante, con un ánimo divertido y no con la crispación, el fastidio y una disposición mecánica; con la firme intención de disfrutar un poco del trayecto y no sólo pensando en la meta (que tampoco debes olvidar, dicho sea de paso.)

En otras palabras:

Pon una acróbata en tu vida

y no te aburrirás jamás

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