46

Sí, ayer, después de 46 años, mi padre decidió bajar la persiana del negocio familiar, ése por el que mi madre también ha luchado como una campeona. Y lo hizo por la puerta grande, cuando se hallaba en la cresta de la ola.

En otras palabras, lo ha hecho de un modo voluntario, cuando el éxito y le prosperidad aún le acompañaban.

¿Por qué? Porque, como hombre sabio que es, ha estimado que cuarenta y seis años de trabajo están muy bien, sobre todo si se cuenta con sesenta años recién cumplidos y una energía y salud a prueba de bombas; ha cumplido su ciclo; ha sacado adelante a la familia en momentos tan difíciles como los que todos —vosotros y yo— hemos atravesado y lo ha hecho con templanza, fe y valentía, aportando lo mejor de sí mismo a la comunidad.

Ahora le toca disfrutar de los mejores años de su vida en compañía de su esposa —mi madre— y de sus seres queridos.

No obstante, como ya empieza a ser habitual en mis entradas, debo deciros que no voy a hablaros de mi padre, el hombre, pues no terminaría jamás (ya he hablado de él en alguna otra ocasión y acerca de mi madre también lo haré.) Lo que deseo hacer en esta ocasión es compartir con vosotros tres de las lecciones más valiosas que he aprendido de él y que os serán de gran utilidad tanto en la vida como en los negocios.

¿Cómo logró mi padre levantar un negocio desde cero, mantenerlo, hacerlo crecer y hacer frente a todas las crisis que, como el resto, ha tenido que afrontar? Con una cierta perspectiva, creo detectar tres elementos clave:

El primero es su inquebrantable confianza en las personas. Así es, mi padre siempre ha creído en la buena fe de trabajadores y clientes, por mucho que la «prudencia» recomendase lo contrario. Sé que puede parecer una actitud ingenua, pero, a la luz de los resultados, os aseguro que es una muy buena estrategia. Cuando depositas confianza en los demás, normalmente las personas se implican y responden desde esa confianza.

El segundo es su inquebrantable deseo de servir a los demás, de contribuir, de hacer algo bueno por la comunidad. Nunca he visto a nadie —y os aseguro que trato con muchas personas de distintos rangos y organizaciones— resolver una crisis o gestionar un conflicto como él. Su eficacia (diría sin exagerar que del 100%) se ha basado en el respeto y comprensión del punto de vista y las necesidades del cliente, más que en la búsqueda del beneficio inmediato.

El tercero pero no menos importante es la honestidad, la coherencia, el adecuado establecimiento de valores y el respeto por los mismos, sin preocuparse por lo pasajero y superficial y trabajando siempre a largo plazo.

Es por esto que, al margen de mi amor por personajes de cómic como Tony Stark o visionarios de la talla de Elon Musk Richard Branson, mi verdadera inspiración en la vida y en los negocios, mi verdadero superhéroe es y siempre será mi padre.

¡Felicidades, papá.

Lo mejor está por llegar!

PapáSlide

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