Matemáticas de Dios: quien más da, más tiene

Hace algunos años escuché —en realidad, también vi— esta fórmula en una vieja película de José Val del Omar, un vanguardista autor español tan necesario y sorprendente como desconocido/olvidado. Matemáticas de Dios: quien más da, más tiene. 

Bajo la forma de paradoja clásica, se esconde una gran verdad.

Unos años más tarde, leyendo un libro de Tony Robbins, encontré una variación de la misma idea, en este caso ligada al concepto de la donación. Robbins sugería donar el 10% de los beneficios que obtuviéramos. Me pareció una buena idea y comencé a practicarlo mensualmente. Por aquel entones, mi sueldo era de 500 € al mes.

Poco después, volví a topar con un concepto similar, el de diezmo. Me pareció razonable llevar a cabo una modificación, siempre respetando el sentido último. En otras palabras, en lugar de donarlo a reyes/políticos o miembros de «cualquier iglesia», estimé oportuno seguir destinándolo a las personas, proyectos u organizaciones que, a mi juicio, lo necesitasen.

Tal vez te preguntes por qué un tipo que gana(ba) 500 € al mes dona el 10%. Antes de responder debo aclarar dos cosas: la primera es que no tiene nada que ver con ningún planteamiento mágico, religioso o tomado del new age y el segundo que esta cuestión no se limita —claro está— al dinero o los bienes materiales. Puede aplicarse del mismo modo y con los mismos excelentes resultados al tiempo, al amor, a los gestos, a las buenas palabras… En realidad a cualquier cosa que puedas imaginar.

Las razones tienen más que ver con el modo en que funciona nuestro cerebro y de cómo configuramos nuestra visión del mundo.

Cuando donas algo (tiempo, dinero, esfuerzos…), como mínimo, tienes una creencia, confías es ello aunque no lo sepas, y es que lo que donas no lo perderás; lo que donas se regenera, se recupera, vuelve a ti —normalmente multiplicado—. ¿Prestarías 100 € si supieras que los vas a necesitar y que, por haberlos prestado, ya no los vas a tener? ¿Y una hora de tu tiempo si sabes que luego vas a ir hasta arriba? Intuyo que no. Así pues, cuando lo haces, tienes la creencia interna de que no te faltará. No olvides que la mentalidad de escasez suele ser un gran problema muy generalizado.

La segunda razón tiene que ver con la distribución justa y ética de la riqueza (en un sentido amplio, material o espiritual.) Personalmente, no me siento cómodo haciendo «aportaciones» (en forma de impuestos) a lo que un Gobierno cualquiera decida y prefiero hacerlas en función de lo que mis propios valores me dicten [Aviso a Inspectores de Hacienda: estoy al corriente de todo y actúo conforme a ley 😀 ]

En cualquier caso, y si todavía no estás convencido, te sugiero que hagas una prueba muy gráfica: ponte delante del espejo y haz el gesto de dar con las manos. Después haz lo mismo pero con el de coger. ¿Qué te devuelve el espejo? Pues bien, en la vida real, sucede exactamente lo mismo. No lo olvides.

cwFDv

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