Richard For(d) President

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Si las cosas no resultan graciosas, no son realmente serias.

 

«Si las cosas no resultan graciosas, no son realmente serias». La vieja máxima cómica resume a la perfección el estilo de este autor que deseo daros a conocer (aunque ya deberíais haber devorado toda su bibliografía). Se trata de Richard Ford, el representante más limpio del realismo sucio. Ganador del Pulitzer y el Faulkner, Íntimo amigo de Tobias Wolff y del enorme Raymond Carver, quien señaló que Ford era «el mejor escritor activo del país» —a lo que el propio Ford apostilló: «Carver no añadió “después de mí”»—.

Ford no lee las críticas (nunca las ha leído), ni tampoco tiene hijos, pues considera que «es más fácil tenerlos que criarlos».

Vive en Maine.

¿Quién podría resistirse a un autor de tales características?

De su sugerente producción, que incluye obras maestras del relato y de la narración breve, admito que me quedo con la dedicada al personaje Frank Bascombe. Ford ha dedicado una trilogía al cínico periodista deportivo reconvertido en agente inmobiliario y hombre de moderado éxito. Los tres volúmenes que la componen son El periodista deportivoEl día de la independenciaAcción de gracias, a la que acaba de sumarse un epílogo recientemente publicado por AnagramaFrancamente, Frank.

A modo de easter egg, os diré que hay uno o varios guiños a Ford y Bascombe en todas mis novelas —algunos de ellos bastante explícitos, como «te lo debía Bascombe», «cara de tenerlo todo bajo control, aun cuando no había nada que controlar» o «a pesar de su aspecto juvenil, se lo montaba como un señor de sesenta años»—.

Tampoco negaré que para la construcción de mi personaje León Poiccard me basé en James Bond, el escritor ficticio Richard Castle y el Frank Bascombe de Richard Ford.

Este dato será desconocido por la mayor parte de mis lectores, pero Poiccard es muy, muy Bascombe. Su estilo irónico, cínico, desencantado y encantador a la vez, despreocupado y seductor me atrapó y quise incorporarlo en mi propio universo.

Con la mejor de las intenciones, es decir, la de atraeros al delirante y fresco mundo que nos ofrece Richard Ford, os dejo este fragmento de El día de la independencia elegido al azar:

—¿Cuántas veces te piensas casar —dice Paul, todavía mirando a la lejana esquiadora, sin querer cruzar la mirada conmigo al referirse a este asunto; uno que le importa. Pasea la vista rápidamente alrededor, clavándola en la foto en colores, que ocupa la pared de detrás de la parrilla, de una hamburguesa en un plato blanco, con un cuenco de sopa extrañamente roja y un vaso de Coca-Cola, todo recubierto de una capa de grasa capaz de mantener atrapada a una mosca hasta el día del Juicio Final. Me ha hecho la misma pregunta no hace más de dos días, creo.

—No lo sé —digo—. Ocho, nueve veces, antes de aprender, supongo.

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