La verdadera historia de «Albatros» (La maleta de un espía)

En primer lugar, deseo daros la bienvenida a esta nueva gamberrada literaria. Es más, os pido de entrada que os suméis a la causa, pues sois la pieza clave de esta aventura.

A fin de convenceros os explicaré qué se esconde en el fondo de Albatros, una novela muy peculiar.

Como algunos de vosotros sabéis, Albatros fue publicada inicialmente por megustaescribir, sello adscrito al grupo Penguin-Random House. Tuve el privilegio de ser llamado en calidad de embajador del proyecto, es decir, un endorser, un reclamo. Estoy muy agradecido de su ofrecimiento y doy fe del brillante trabajo que llevan a cabo en la editorial, así como del excelente equipo humano que hay detrás. Sin lugar a dudas, recomendaría, especialmente a los autores que empiezan y quieren irrumpir en el mercado literario con un look profesional, que echasen un vistazo a los servicios que megustaescribir ofrece.

Indudablemente, desde un principio supimos que la nuestra era una historia pasajera, dado que mi lugar se encuentra ya dentro de la edición tradicional y lejos (aunque algunos lectores despistados lo sigan creyendo) de la autopublicación. Y así, después de un periodo de cortesía, he decidido ofrecer la novela a otra editorial —de momento, comprenderéis que reserve el dato para mí—. Esto nos lleva al meollo de la historia.

Desde el principio de mi carrera literaria, mi estrategia siempre ha sido la misma: demostrar a las editoriales que ganan más fichándome que dejándome suelto.

Mi estrategia siempre ha sido la misma: demostrar a las editoriales que resulta más rentable ficharme que dejarme suelto.

Y eso se logra con hechos.

Hay, no obstante, otra razón que me mueve a efectuar la operación guerrillera para la cual espero vuestro apoyo: aunque me debo a las editoriales (este business funciona así), mi mayor y verdadero compromiso es y será con vosotros, los lectores.

Es por ello que, mientras se concreta el traspaso editorial, he decidido explotar la novela por mi cuenta (es una medida temporal) y aprovechar esta situación excepcional para poner de manifiesto lo que siempre he creído: que se puede hacer llegar literatura de calidad a precios bajos.

Aunque me debo a las editoriales, mi mayor y verdadero compromiso es y será con vosotros, los lectores.

De este modo, entre vosotros y yo, podremos volver a pulverizar el algoritmo de Amazon —tal y como ya hemos hecho en otras ocasiones (mil GRACIAS GRACIAS GRACIAS de nuevo)— y colocar al canalla de Albatros en el lugar que le corresponde. A cambio, os ofrezco una visión bastante precisa del futuro inmediato que nos espera (¿no se os hace la boca agua?)

Éste es el plan: aprovechando que el día 10 de abril es el cumpleaños de mi madre (que tiene un sentido del humor a prueba de bombas), Albatros estará a tan sólo 0,99 € en formato digital y 8 € en edición de bolsillo hasta ese día. Ya en preventa en Amazon.

Se trata de una edición revisada y mejorada, para lo que hemos creado un sello editorial ficticio (gracias, Chevi, por el logo de BOOKLLONAIRE).

Ahora es cuando vosotros pasáis a la acción. ¿Seremos capaces de demostrar la importancia de los lectores? ¿Lograremos dejar claro cómo funciona esto? Estoy plenamente convencido de que así será. Así que gracias de nuevo y

¡comienza el espectáculo!

Albatros_Cover_for_Kindle

Anuncios

Una cierta tendencia del sector editorial (2ª parte)

???????????????????????????????

 

 

 

Hace unos días escribí un breve artículo sobre lo que yo estimaba sería en breve la tónica dentro del universo editorial (que no necesariamente literario). No debí expresarme bien, dado que la mayor parte de los lectores -escritores en su mayoría- lo llevó hacia un terreno que no era el pretendido por mí. Concretamente, se utilizó para avivar el debate editorial sí / editorial no. Repito que no era el objeto principal de mi reflexión.

Hoy, sin embargo, sí pretendo hacer un par de observaciones al respecto. En primer lugar, quiero comentaros qué hacía cuando recibí el “fogonazo”. Seguramente, vosotros estaríais en la playa mientras yo aporreaba el teclado, me distraía leyendo otro bestseller cargado de explosiones y lugares comunes y… vale, metí las narices en Twitter. Fue entonces cuando lo vi claro. De hecho, la idea ni siquiera se me ocurrió a mí, sino que me llegó en forma de (auto)promoción ajena: un compañero de letras, autor de notable éxito y ventas no menos notables, después de publicar con varias de las mejores editoriales del panorama nacional, volvía a lanzarse a la autoedición. ¿Por qué? ¿Por qué le faltaban oportunidades? Dejemos claro de antemano que nada más alejado de la realidad.

Todavía no he tenido ocasión de charlar con él mientras escribo estas líneas, pero tampoco es del todo necesario. Lo cierto es que sus razones pueden ser diversas y casi todas apuntarán en la misma dirección. Y he aquí la jugada definitiva, la pieza del rompecabezas que quizá no supe ver hasta hoy: el futuro de los autores pasa por un editorial-sí-editorial-no de manera simultánea. ¿Qué quiere decir esto?

Es preciso dejar claras unas cuantas cosas a todos aquellos que no conozcan de primera mano el sector editorial. Ojo, no pretendo desentrañar ningún secreto oscuro ni convertirme en el deepthroat de la industria. Ahora bien, ya hay los suficientes documentos y artículos circulando por la Red como para que todos sepamos que una cosa es la imagen que tratemos de proyectar en redes sociales y demás y otra la cruda realidad, a saber, que casi ninguno de nosotros, por mucha editorial y mucho rollo, es capaz de vivir exclusivamente de las letras (no, al menos, de manera holgada; no, al menos, en España). Teniendo presente esto, podemos pasar al segundo punto.

Dejando de lado algunos motivos por cuestiones de etiqueta, cabe imaginar que mi compañero se lanza a la autopublicación por la sencilla de razón de que los beneficios económicos para él serán mayores. ¿Abandonará el sector editorial tradicional? Decididamente NO. ¿Y por qué? Porque, hoy por hoy, el respaldo editorial es un sello de prestigio; es el que te permite ir a ferias del libro y hacer presentaciones mínimamente decentes; es el que favorece las reseñas, entrevistas y notas de prensa en medios importantes o te permite negociar la traducción a otros idiomas sin pasar por el estilo Juan Palomo. En pocas palabras, es lo que te permite presentarte como un profesional mientras haces tiempo para pedir un Campari, sin tener que dar muchas explicaciones.

Puede que, pasado un tiempo, mi compañero decida ceder/vender los derechos de esa novela autopublicada a su editorial -siempre que ésta quiera adquirirlos, claro está-. Regresaríamos, en ese caso, al tema abordado en la primera parte de este artículo (y cuyo enlace lo tenéis al principio).

¿Cómo quedará, por tanto y desde mi punto de vista, delimitado el futuro literario de muchos autores? Por la coexistencia o hibridación de una parte de su producción distribuida dentro de la industria tradicional y otra fuera de ella, a través de la autopublicación (ya despojada definitivamente del estigma de la “segunda división”). Cada una de ellas sujeta a sus ventajas e inconvenientes (sí, esas y esos que todos conocéis) y enfocada hacia funciones muy diferentes.

Creo que estamos a punto de comprobarlo. ¿Qué opináis vosotros?

Señoras y señores, hagan sus apuestas y afilen sus cuchillos…

Una cierta tendencia del sector editorial

Hace unos días, Juan Gómez-Jurado publicaba un interesante articulo sobre el sector editorial. Hace algunos años, Truffaut firmaba un documento con título similar al de este post. En efecto, algo está cambiando.

En primer lugar, ¿qué demonios hace un escritor hablando sobre editoriales, cuando lo que debería estar haciendo es escribir novelas y, con un poco de suerte, tratar de vendérselas? Este es, sin duda, uno de los mas notables cambios en el sector: la polivalencia del escritor. En otras palabras, hace tiempo que quedó atrás la figura del autor que escribía, tenía suerte y una editorial publicaba sus novelas y ella se ocupaba de todo. Eso ya no es así. Con independencia de si uno es un autor autopublicado o cuenta con el respaldo de una editorial, lo cierto es que las labores de promoción correrán a cargo del “padre” de la criatura.

No obstante, no es lo que deseo abordar aquí. Ni tampoco opinar acerca de por qué las ventas de libros se desploman (los elevados precios, la piratería, la gente lee menos…). No. De lo que quiero hablar es de un cierto efecto boomerang.

Con la llegada del gigante Amazon, las editoriales (las más inteligentes) comenzaron a fichar autores que, por la razón que fuere, vendían bien en dicha plataforma (después de todo, eso suponía apostar a caballo ganador -de hecho, a caballo que YA había ganado-). Se les pagaba unos adelantos bajos o nulos y los escritores cumplían su sueño de ver su novela publicada en papel (o en digital pero con sello, es irrelevante).

Durante un tiempo, muy poco tiempo (vivimos en un mundo horriblemente acelerado), algunos autores comenzaron a mostrar su malestar con respecto a las editoriales -esa que había sido su meta hasta hacía unos meses-. ¿Las razones? Escasa difusión de los libros, nula implicación en el proceso de promoción, adelantos bajos, poca transparencia en el pago de royalties… Imagino que cada uno tendría sus razones y no es algo que me interese demasiado.

La tuerca siguió dando vueltas y los autores más aventajados -incluiría aquí algunos notables y consagrados ejemplos como el del cineasta y guionista David Mamet– se plantearon “¿Y por qué no autopublicar nosotros mismos nuestras novelas? A fin de cuentas, ya tenemos el nombre…”.

Por supuesto, la cosa no quedó aquí. En este punto es donde yo debo posicionarme y lo hago, sin reservas, del lado de la editorial. No voy a entrar en detalles y admito que el sector atraviesa una crisis, en parte, motivada por sus propias prácticas. Pero las ventajas son, actualmente, mayores que los inconvenientes.

Me posiciono de parte de aquellos escritores que quieren seguir dentro de la industria -ojo, estuve el suficiente tiempo en el lado indie para saber lo que digo- y es por ello que debo lanzar una advertencia a las editoriales (porque los escritores no siempre son tontos o unos simples soñadores).

Sin rodeos, la nueva jugada es la siguiente (siempre, claro está, que ya se tenga un nombre dentro del sector): autopublicar primero la novela -beneficiándose del tirón de ventas inicial- y luego cedérsela a la editorial.

¿Por qué sucede esto? Las razones son siempre las mismas: inmediatez, precios más bajos y mejores condiciones para los autores.

¿Qué medidas debería adoptar la industria? Cuidando más a los autores (mediante adelantos más suculentos, mayor implicación en la fase de promoción y en la distribución, y mayor transparencia en todos los procesos) y cuidando más a los lectores (precios más bajos), estas prácticas se verían reducidas sensiblemente. De lo contrario, la industria editorial se limitará a distribuir -presumiblemente en formato digital- longsellers, a los que añadirá su sello (indicativo de prestigio), pero de cuyo impacto inicial no obtendrá beneficios.

La posición que he descrito es, por lo demás, bastante razonable: si un autor se ve obligado a llevar a cabo casi todas las funciones de la cadena, es normal que desee obtener un mayor beneficio.

Una vez más, la solución, por tanto, pasa por el sentido común. Y confío en que las cosas retornen a él. A fin de cuentas, hoy por hoy la editorial es un elemento clave en la cadena de valor del libro.