Paris, Shepard

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Conocéis a este gigante aunque no os suene su cara (que os sonará). Quizá no sepáis que estuvo casado con la enorme Jessica Lange, que tocó la batería durante una etapa de su vida o que ganó el Pulitzer. Ya os viene a la mente; lo habéis visto actuando en películas como Elegidos para la gloria, El informe pelícano, Black Hawk derribado, Magnolias de acero, etc., etc.

Ahora os diré que es el guionista, entre otras, de una de mis películas favoritas —cada vez que la veo paso dos o tres días en un inquietante aturdimiento—: me refiero a Paris, Texas, dirigida por Wim Wenders en 1984.

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Pero hoy quiero hablaros de otra de sus facetas más sugerentes: escritor. De hecho, un escritor de primera división. Al margen de sus obras teatrales, sus relatos rozan lo sublime. En España Anagrama ha publicado gran parte de su trabajo. Su estilo podría encuadrarse dentro del llamado realismo sucio, muy similar al desarrollado, sobre todo, por Raymond Carver Charles Bukowski.

Desierto, gasolina, óxido, neumáticos quemados, moteles, gasolineras abandonadas… Ya sabéis cómo funciona esto. Pero, como no deseo llevar a cabo un análisis sesudo de su obra sino, simplemente, dároslo a conocer, os dejo un fragmento tomado de sus Crónicas de motel (Anagrama, 1985), que os ayudará a comprender mi fascinación por este artista polifacético:

 

Recuerdo cuando intentaba imitar la sonrisa de Burt Lancaster después de haberle visto con Gary Cooper en Veracruz. Durante muchos días estuve practicando en el patio de atrás. Serpenteando por entre las tomateras. Riendo con todos los dientes al desnudo. Riéndome de esa risa. Alzando el labio superior para descubrir los dientes. Después de practicar esa sonrisa durante unos cuantos días intenté utilizarla ante las chicas de la escuela. Ellas no parecían ni enterarse. Forcé mi interpretación hasta que empezaron a producirse extrañas reacciones ante mis compañeros. Miraban fijamente mis dientes, y asomaba a sus ojos una expresión asustada. Ya no me acordaba de lo feos que eran mis dientes. De que uno de ellos lo tenía podrido, de color pardo y montado encima del diente que estaba a su lado. De hecho, había llegado a estar convencido de que era poseedor de una hilera de perfectos y perlados dientes como los de Burt Lancaster. Como no quería asustar a nadie, dejé de reír en cuanto me di cuenta de lo que pasaba. Sólo lo hacía cuando estaba solo. Poco después dejé de hacerlo incluso a solas. Volví a mi cara vacía.

25/4/81

Homestead Valley, Ca.

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La receta de mi nueva novela

Quiero compartir con vosotros la receta de la novela que estoy escribiendo con la ilusión de que la «cocinéis» vosotros antes que yo.

No os entretengo. Tomad nota y ¡manos a la obra!

—Escribir cinco novelas diferentes pero conectadas entre sí.

—Trocearlas en capítulos no demasiado extensos (de hecho, casi breves).

—Unirlas mediante un montaje en paralelo.

¡Y a disfrutar!

Una cierta tendencia del sector editorial (2ª parte)

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Hace unos días escribí un breve artículo sobre lo que yo estimaba sería en breve la tónica dentro del universo editorial (que no necesariamente literario). No debí expresarme bien, dado que la mayor parte de los lectores -escritores en su mayoría- lo llevó hacia un terreno que no era el pretendido por mí. Concretamente, se utilizó para avivar el debate editorial sí / editorial no. Repito que no era el objeto principal de mi reflexión.

Hoy, sin embargo, sí pretendo hacer un par de observaciones al respecto. En primer lugar, quiero comentaros qué hacía cuando recibí el “fogonazo”. Seguramente, vosotros estaríais en la playa mientras yo aporreaba el teclado, me distraía leyendo otro bestseller cargado de explosiones y lugares comunes y… vale, metí las narices en Twitter. Fue entonces cuando lo vi claro. De hecho, la idea ni siquiera se me ocurrió a mí, sino que me llegó en forma de (auto)promoción ajena: un compañero de letras, autor de notable éxito y ventas no menos notables, después de publicar con varias de las mejores editoriales del panorama nacional, volvía a lanzarse a la autoedición. ¿Por qué? ¿Por qué le faltaban oportunidades? Dejemos claro de antemano que nada más alejado de la realidad.

Todavía no he tenido ocasión de charlar con él mientras escribo estas líneas, pero tampoco es del todo necesario. Lo cierto es que sus razones pueden ser diversas y casi todas apuntarán en la misma dirección. Y he aquí la jugada definitiva, la pieza del rompecabezas que quizá no supe ver hasta hoy: el futuro de los autores pasa por un editorial-sí-editorial-no de manera simultánea. ¿Qué quiere decir esto?

Es preciso dejar claras unas cuantas cosas a todos aquellos que no conozcan de primera mano el sector editorial. Ojo, no pretendo desentrañar ningún secreto oscuro ni convertirme en el deepthroat de la industria. Ahora bien, ya hay los suficientes documentos y artículos circulando por la Red como para que todos sepamos que una cosa es la imagen que tratemos de proyectar en redes sociales y demás y otra la cruda realidad, a saber, que casi ninguno de nosotros, por mucha editorial y mucho rollo, es capaz de vivir exclusivamente de las letras (no, al menos, de manera holgada; no, al menos, en España). Teniendo presente esto, podemos pasar al segundo punto.

Dejando de lado algunos motivos por cuestiones de etiqueta, cabe imaginar que mi compañero se lanza a la autopublicación por la sencilla de razón de que los beneficios económicos para él serán mayores. ¿Abandonará el sector editorial tradicional? Decididamente NO. ¿Y por qué? Porque, hoy por hoy, el respaldo editorial es un sello de prestigio; es el que te permite ir a ferias del libro y hacer presentaciones mínimamente decentes; es el que favorece las reseñas, entrevistas y notas de prensa en medios importantes o te permite negociar la traducción a otros idiomas sin pasar por el estilo Juan Palomo. En pocas palabras, es lo que te permite presentarte como un profesional mientras haces tiempo para pedir un Campari, sin tener que dar muchas explicaciones.

Puede que, pasado un tiempo, mi compañero decida ceder/vender los derechos de esa novela autopublicada a su editorial -siempre que ésta quiera adquirirlos, claro está-. Regresaríamos, en ese caso, al tema abordado en la primera parte de este artículo (y cuyo enlace lo tenéis al principio).

¿Cómo quedará, por tanto y desde mi punto de vista, delimitado el futuro literario de muchos autores? Por la coexistencia o hibridación de una parte de su producción distribuida dentro de la industria tradicional y otra fuera de ella, a través de la autopublicación (ya despojada definitivamente del estigma de la “segunda división”). Cada una de ellas sujeta a sus ventajas e inconvenientes (sí, esas y esos que todos conocéis) y enfocada hacia funciones muy diferentes.

Creo que estamos a punto de comprobarlo. ¿Qué opináis vosotros?

Señoras y señores, hagan sus apuestas y afilen sus cuchillos…

Cómo publicar un ebook sin volverse loco

Éste es el título del fabuloso texto que nos ofrece Alejandro Aguayo (@JandroAguayo)

 

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El autor expone de manera clara, ágil y divertida cómo aproximarse al enloquecedor mundo de la autoedición. Lo hace además desde una perspectiva actual y novedosa, prestando atención a los programas de escritura más empleados por los profesionales, a los modos de promoción, a la maquetación y todo ese tipo de cuestiones que tanto interesan (y, en ocasiones, aterrorizan) a los escritores noveles.

Aguayo hace un repaso por los diversos modos de potenciar el impacto de tu novela en la Red a través de RRSS, blogs, webs y un sinfín de plataformas.

Además, ha contado con la colaboración y sugerencias de autores que han triunfado en la Red tales como Roberto López-Herrero (@ElExpecial), Bruno Nievas (@BrunoNievas), Enrique Laso (@enriquelaso), Blanca Miosi (@blancamiosi) y un largo etcétera. Bueno, mi modesta opinión también aparece en este volumen (la dejo a vuestra consideración).

Desde mi punto de vista, Cómo publicar un ebook sin volverse loco se desmarca del resto de manuales sobre la temática debido a su actualidad, precisión y al aporte de escritores que conocen muy bien (y, sí, mejor que yo) este endiablado panorama.

De modo que, si te estás planteando lanzarte al ruedo literario, éste es un buen punto de partida

#ElMundoQueYoQuiero

Volvemos a la carga con nuestra propuesta de novela «enriquecida» y un puntito transmedia.

En esta ocasión, tal y como ya os adelanté en este post, quiero contar con vuestra ayuda para mi tercera novela, #LosPasajeros #ThePassengers. El procedimiento es muy sencillo: podéis hacerme llegar a mí y, mucho mejor, al resto de lectores e interesados vuestras propuestas acerca de cómo mejorar el mundo; cómo hacer de este lugar un sitio mejor para vivir, más justo e igualitario. Para ello disponéis de un buen puñado de canales:

Twitter: Hemos habilitado un hashtag #ElMundoQueYoQuiero. Este tag será incorporado a la novela, de modo que vuestras sugerencias –incluidas o no- podrán ser rastreadas y, ya de paso, fomentaremos el diálogo entre lectores, autores e internautas afines al proyecto.

Facebook: Sentíos libres de colgar en mi muro vuestras ideas. Serán bienvenidas.

También podréis enviármelo a mi mail (si lo buscáis lo encontraréis), pero a mi juicio desvirtúa el sentido del experimento.

Señoras y señores, la diversión está servida. Gracias y abrazos.

People have the Power

Los pasajeros (The Passengers)

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Dedicado a José Ángel Martos

Mi deuda con él es enorme

Tal y como se anunció en la revista Qué Leer y como yo mismo adelanté en este post, hoy hago públicos varios aspectos de mi nueva novela, llamada, sin más dilación, Los pasajeros (The Passengers).

El motivo de elegir este día es, por un lado, que coincide con el día de los enamorados (y yo estoy enamorado de vosotros, que leéis estas palabras en este preciso instante) y, por otra, algo más personal: la fecha coincide con el décimo aniversario de mi hijo Adrián.

Hay varias diferencias entre esta novela y las anteriores: la ausencia de León Poiccard, Maribel Salgado y Cía.; el debilitamiento de la parte racional y una apuesta sólida por las emociones y el instinto; la expulsión del elemento conspiranoico (la serie anonymous diagnosticaba ciertos problemas; en Los pasajeros se ofrecen líneas de solución); un mayor lirismo, si se quiere ver así –una mayor carga literaria en sentido estricto y ligeramente menos comercial– y lo más importante: el desarrollo o creación de la novela será «transmitido» a tiempo real.

Compartiré con vosotros dudas, avances, problemas, atascos, documentos, opiniones, datos, etc. Al final tendréis la novela «que habéis escrito vosotros».

SINOPSIS:

En líneas generales, Los pasajeros es una historia sobre reencarnación y viajes en el tiempo, con un matiz: la mayor parte de las tesis serán avaladas por argumentos científicos (en ocasiones procedentes de la ciencia límite e otras abiertamente pseudocientíficos).

Cinco pintorescos personajes acaban encontrándose «por azar» en extrañas circunstancias. Huelga decir que la casualidad es expulsada de manera automática de la historia desde el primer minuto y la omnipresencia del dharma (u orden cósmico del mundo) se palpará con fuerza. Poco a poco, irán advirtiendo que tienen que llevar a cabo una misión, sin saber muy bien cuál. Como si de la resolución de un puzle se tratase, los cinco pasajeros tendrán que montar una compleja muñeca matrioska narrativa repleta de emociones, humanidad y enemigos. ¿Qué misterio será el que deban resolver? ¿Por qué se verán obligados a recurrir a los saltos en el tiempo? ¿En qué sentido y de qué modo?

PERSONAJES:

Los cinco convocados son:

  • Teresa de Silva: filósofa y lectora voraz de G.K. Chesterton. Sofisticada, elegante y siempre vestida de negro.
  • Nico García: un chaval de dieciséis años que vive en una furgoneta con su padre, antiguo carpintero arrojado al desahucio por falta de trabajo.
  • Don Diego de la Vega, alias El Zorro: así es. Un tipo que afirma ser Don Diego de la Vega aparece sin saber cómo en 2013, en el sur de España, vestido como El Zorro. ¿Será un impostor o un mero imitador?
  • Timoteo «Tim» Heredia: Médium. Recibe la señal de que debe localizar a Teresa de Silva y, después, advertirá que su misión es transmitir un mensaje del «más allá» a los convocados y, por extensión, al resto de la humanidad, pero cuyo contenido todavía desconoce.
  • Cata: una gata muy especial. [Anécdota1: mi gata en la vida real se llama Catalina].

A fin de organizar y poder rastrear los avances de la novela, propongo emplear el hashtag #LosPasajeros (#ThePassengers para los amigos americanos). En otras redes sociales y en otros medios ya nos iremos organizando (se admiten sugerencias).

Ni que decir tiene que el reto es potente. A nivel personal, implica que la presión es grande (¡No podría teneros a la expectativa tres años!). Fiel al modelo Stephen King, me comprometo a escribir mis 2.000 palabras al día y que la novela esté a vuestra disposición en 2014.

Como ya señalé en su momento, otra de las novedades reside en que Los pasajeros no será subida de forma inmediata a Amazon, Kobo ni ninguna otra plataforma digital, sino que recorrerá los caminos tradicionales de editores, concursos, etc. Sólo en caso de que no pueda llegar a vosotros en formato tradicional, será puesta a vuestra disposición de manera gratuita en versión electrónica.

Así pues, demos la bienvenida a #LosPasajeros. Buen viaje.