Error #2: Olvidar lo que significa ser escritor

A regañadientes, todos tenemos que admitir una cosa: Internet ha modificado nuestros hábitos. Estoy seguro de que leíamos más antes, escribíamos más, disfrutábamos más de otras cosas y ahora la Red nos ha atrapado con sus infinitos, diversos y actualizados contenidos.

Por otra parte, y esto lo saben muy bien los escritores indie, la cantidad de tiempo que dedicamos al marketing y a la promoción de nuestras obras puede incluso exceder el que empleamos en nuestra verdadera misión: escribir.

 

 

Por fortuna, lo que sea nuestra mente o nuestro espíritu, en ocasiones nos arroja un destello de luz repentino que nos sitúa de nuevo en nuestro propio camino. Y es precisamente lo que sentí ayer.

Recordé que independientemente y por encima de editoriales, promoción y otros objetivos más o menos nobles, un escritor tenía que producir novelas.

¿Imaginan si Stieg Larsson, E.L. James o J.K. Rowling  hubiesen esperado a que las editoriales les ficharan? De uno no habríamos conocido dos tercios de su trabajo, otra tal vez no hubiera saboreado la fama y la última… ¿qué más se puede decir de la «madre» de Harry Potter? Y es que nada debe desviarnos de nuestro verdadero objetivo que, al menos en mi caso, está bastante claro: los lectores.

Movido por estas renovadas fuerzas, retomé con voracidad la escritura y anuncié oficialmente lo que ya muchos intuían: que El búnker de Noé tendría segunda parte. Puedo decir que en poco más de 24 horas mi mundo se ha reorganizado de nuevo (por lo que respecta a la cuestión literaria, claro está. Lo demás jamás dejó de estar en su sitio). Confieso desde lo más profundo de mi corazón que, tal y como fue al principio, mi entrega a la literatura vuelve a ser absoluta, casi devota, y las cuestiones mencionadas anteriormente pasan de nuevo a segundo plano, es decir, al lugar del que no deberían haberse movido.

Tengo que agradecer otra vez y como siempre a mis amigos y lectores la cálida acogida de la noticia sobre mi segunda novela. Ellos (vosotros) son y serán mi único y verdadero motor a la hora de escribir.  Muchas gracias. Os prometo nuevas, exóticas y excitantes aventuras.