Una cierta tendencia del sector editorial

Hace unos días, Juan Gómez-Jurado publicaba un interesante articulo sobre el sector editorial. Hace algunos años, Truffaut firmaba un documento con título similar al de este post. En efecto, algo está cambiando.

En primer lugar, ¿qué demonios hace un escritor hablando sobre editoriales, cuando lo que debería estar haciendo es escribir novelas y, con un poco de suerte, tratar de vendérselas? Este es, sin duda, uno de los mas notables cambios en el sector: la polivalencia del escritor. En otras palabras, hace tiempo que quedó atrás la figura del autor que escribía, tenía suerte y una editorial publicaba sus novelas y ella se ocupaba de todo. Eso ya no es así. Con independencia de si uno es un autor autopublicado o cuenta con el respaldo de una editorial, lo cierto es que las labores de promoción correrán a cargo del “padre” de la criatura.

No obstante, no es lo que deseo abordar aquí. Ni tampoco opinar acerca de por qué las ventas de libros se desploman (los elevados precios, la piratería, la gente lee menos…). No. De lo que quiero hablar es de un cierto efecto boomerang.

Con la llegada del gigante Amazon, las editoriales (las más inteligentes) comenzaron a fichar autores que, por la razón que fuere, vendían bien en dicha plataforma (después de todo, eso suponía apostar a caballo ganador -de hecho, a caballo que YA había ganado-). Se les pagaba unos adelantos bajos o nulos y los escritores cumplían su sueño de ver su novela publicada en papel (o en digital pero con sello, es irrelevante).

Durante un tiempo, muy poco tiempo (vivimos en un mundo horriblemente acelerado), algunos autores comenzaron a mostrar su malestar con respecto a las editoriales -esa que había sido su meta hasta hacía unos meses-. ¿Las razones? Escasa difusión de los libros, nula implicación en el proceso de promoción, adelantos bajos, poca transparencia en el pago de royalties… Imagino que cada uno tendría sus razones y no es algo que me interese demasiado.

La tuerca siguió dando vueltas y los autores más aventajados -incluiría aquí algunos notables y consagrados ejemplos como el del cineasta y guionista David Mamet– se plantearon “¿Y por qué no autopublicar nosotros mismos nuestras novelas? A fin de cuentas, ya tenemos el nombre…”.

Por supuesto, la cosa no quedó aquí. En este punto es donde yo debo posicionarme y lo hago, sin reservas, del lado de la editorial. No voy a entrar en detalles y admito que el sector atraviesa una crisis, en parte, motivada por sus propias prácticas. Pero las ventajas son, actualmente, mayores que los inconvenientes.

Me posiciono de parte de aquellos escritores que quieren seguir dentro de la industria -ojo, estuve el suficiente tiempo en el lado indie para saber lo que digo- y es por ello que debo lanzar una advertencia a las editoriales (porque los escritores no siempre son tontos o unos simples soñadores).

Sin rodeos, la nueva jugada es la siguiente (siempre, claro está, que ya se tenga un nombre dentro del sector): autopublicar primero la novela -beneficiándose del tirón de ventas inicial- y luego cedérsela a la editorial.

¿Por qué sucede esto? Las razones son siempre las mismas: inmediatez, precios más bajos y mejores condiciones para los autores.

¿Qué medidas debería adoptar la industria? Cuidando más a los autores (mediante adelantos más suculentos, mayor implicación en la fase de promoción y en la distribución, y mayor transparencia en todos los procesos) y cuidando más a los lectores (precios más bajos), estas prácticas se verían reducidas sensiblemente. De lo contrario, la industria editorial se limitará a distribuir -presumiblemente en formato digital- longsellers, a los que añadirá su sello (indicativo de prestigio), pero de cuyo impacto inicial no obtendrá beneficios.

La posición que he descrito es, por lo demás, bastante razonable: si un autor se ve obligado a llevar a cabo casi todas las funciones de la cadena, es normal que desee obtener un mayor beneficio.

Una vez más, la solución, por tanto, pasa por el sentido común. Y confío en que las cosas retornen a él. A fin de cuentas, hoy por hoy la editorial es un elemento clave en la cadena de valor del libro.

 

 

 

 

 

Esto NO es una reseña sobre “El paciente” de Juan Gómez-Jurado

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Así es, y que nadie espere lo contrario. No voy a desvelaros nada que vosotros mismos no hayáis visto en la última novela de Juan Gómez-Jurado (@JuanGomezJurado), El Paciente (Planeta). Más bien espero poder ofreceros algunos datos -o impresiones- que, tal vez, se os hayan pasado por alto.

Definitivamente, lo que voy a compartir con vosotros en este espacio es una serie de ideas un poco frikis que me vinieron a la mente tras la lectura de esta magnífica obra y lo voy a hacer planteando una hipotética entrevista que, espero, quede sin responder. ¡Empieza el espectáculo!

 

 

Hoy (NO) entrevistamos a Juan Gómez-Jurado (@juangomezjurado)[…]

 

Iba a felicitarte por tu nueva novela, pero, considerando que me has tenido dos noches en vela, creo que lo más sensato sería interponer una demanda judicial… No, en serio, resulta paradójico (es decir, al mismo tiempo una putada y un gran placer) que un escritor deba alegrarse cuando un lector devora de una sentada un texto que él ha tardado meses o años en elaborar. No es fácil escribir un texto de este tipo, pero tú lo has conseguido. Dado que no me he traído una batería de coche y un par de electrodos, no te preguntaré por la fórmula secreta de tu éxito, pero ¿puedes darnos alguna pista?

 

 

Sé que eres un gran amante de la ciencia-ficción. Esta novela no tiene nada que ver con ese género, sin embargo, a su manera, presenta un cierto aroma a ucronía muy actual; nos sitúa en lo que ha dado en llamarse punto Jonbar, o ese acontecimiento decisivo que puede cambiar el rumbo de la historia en función de qué decisión se tome. En este caso, la situación es bien concreta: «¿Qué pasaría si cierto presidente estadounidense de color…?»

 

 

Quizá el tópico más recurrente al que los escritores nos enfrentamos es la idea que el lector suele tener acerca de nuestra presencia en la novela. Asumamos que, como lector, imaginaba que habría un poco más de ti en Evans (treinta y ocho años, sí un poco mayor y más alto que tú, pero…) hasta que nuestro doc afirma no estar muy interesado en Twitter. Eres un tuitero de referencia dentro del panorama nacional y, no obstante, la promoción de esta novela me ha parecido más moderada y sobria que la de otras de tus obras. ¿A qué atiende esto? ¿Es fortuito o podría decirse que ya no lo necesitas? El propio Stephen King ha abierto recientemente un perfil de Twitter y no menciona ninguno de sus trabajos; Pérez-Reverte tampoco… ¿Consideras que la mejor forma de promocionar una novela, en tu caso, es mantener un diálogo cercano y constante con tus lectores, tal y como haces siempre?

 

 

Señor White… ¿Una antítesis del Presidente de los Estados Unidos (en todos los sentidos)? ¿Un homenaje al personaje interpretado por Harvey Keitel en Reservoir Dogs? ¿un homenaje a Walter, de Breaking Bad? Francamente, me cuesta creer que llamar Blanco a un personaje tan oscuro sea casual…

 

 

La referencia a la tecnología es constante a lo largo de toda la novela. Podríamos decir que juega un papel fundamental, clave, casi hasta el punto de convertirse en un personaje imprescindible. Al imaginar al señor White observando todas esas pantallas a través de las cuales intenta controlar de manera absoluta al doctor Evans no he podido evitar pensar en la serie británica Black Mirror. ¿Estamos abocados al panóptico tecnológico? ¿Cómo imaginas la relación a corto plazo entre el ser humano y la máquina? ¿Qué opinión te merecen prácticas como las llevadas a cabo por la NSA? ¿Cabe imaginar que las utopías sugeridas por Orwell y Huxley estén comenzando a hacerse realidad?

 

 

Leí que un lector de la novela sostenía que de llamarte John Smith, ahora mismo tendrías una casa en los Hamptons y que las productoras hollywoodienses se estarían rifando tu novela para adaptarla a la gran pantalla. Por otra parte, he escuchado rumores de movimientos en esa dirección. ¿Algo que decir al respecto o lo dejamos en un elegante suspense?

 

 

¿Cómo ves el panorama cultural español? ¿Empieza a ser una buena idea cambiarnos el nombre por el de John Smith u otro similar, con aroma a hamburguesa?

 

 

Hemos llegado al final de la entrevista. Debo decirte que me ha encantado cierto guiño final que aparece en la novela. Dejemos que sean los lectores quienes lo descubran. Por mi parte, y ahora sí, sólo me queda felicitarte por esas horas de sueño que me has robado. Has demostrado una vez más que eres un maestro del bestseller, ¡aunque no tengo muy claro que me dejase en tu manos si te veo aparecer con un bisturí!

 

 

Tomada de Jot Down
Tomada de Jot Down

#SincroniciUdad

Como ya he comentado en algún momento, varios compañeros escritores me han pedido escribir algo juntos. Admito que, en materia de literatura, soy un Lonesome Cowboy, pero me apetecía asumir el reto y, de paso, dar voz a todas esas personas que quisieran decir muchas cosas pero que no se sienten capaces de hacerlo en la forma de una novela o algo susceptible de ser publicado por sí mismo.

Ésta es, por tanto, mi propuesta:

1- Me comprometo a hacer las veces de editor de un volumen que se llamaría SincroniciUdad y que, lógicamente, tendría por hilo común la cuestión de la SINCRONICIDAD, es decir, ese tipo de sucesos conectados, en apariencia, al azar pero que constituyen un todo significativo. Los relatos tendrían una extensión máxima de 6 páginas y sin mínimo, escritos en Times new roman, 12 puntos y espacio doble.

2- La fecha máxima de recepción sería el 30 de junio de 2013 y los relatos –escritos en castellano- deben ser remitidos a mi mail: uncafecongabri@gmail.com, donde también debe figurar un consentimiento de publicación y una declaración de que los relatos no están sujetos a contratos con terceros (no queremos problemas con la ley, ¿verdad?) y que son propiedad del autor.

3- Las historias pueden ser reales o ficticias.

4- Mi idea es intercalar relatos de escritores consagrados con aquellos procedentes de aficionados, lectores, etc. Es decir, NO es necesario tener nada publicado. Indudablemente, yo, en calidad de editor, me reservo la opción de que determinados relatos –por razones de calidad, temática ofensiva o cualquier otra razón relevante- no sean incluidos en el volumen.

5- Los relatos aparecerán por orden alfabético del apellido del autor, independientemente de su estatus en la cadena editorial. Se podrá incluir un mail de contacto o Twitter personal si así se desea (no es obligatorio).

6- El objetivo es poder publicar el volumen digital en Amazon a mediados de julio del presente año. Los beneficios serían íntegramente donados a obra social, variando ésta cada 500€ recaudados. A fin de que el proceso sea absolutamente transparente, irán apareciendo las fotografías de los ingresos realizados en las cuentas de las distintas organizaciones –que, a su vez, serán elegidas por los propios participantes-. Los justificantes de ingreso se subirán a esta cuenta de Facebook.

Asimismo, SincroniciUdad estará disponible de manera permanente en la página de Save the Children y el proyecto impulsado por Juan Gómez-Jurado 1Libro1Euro.

7- Para los participantes más tuiteros, hemos habilitado el siguiente hashtag para darle difusión a la obra: #SincroniciUdad.

De modo que os espero y deseo que entre todos aportemos nuestro granito de arena para hacer de este mundo un lugar más mágico y conectado. A fin de cuentas, las historias están en el aire…

¡La veda queda levantada!

 

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