El libro no morirá… Pero se convertirá en otra cosa

cruz griega

 

Empieza a ser ya un debate clásico, un clásico joven: la muerte del libro (¿de la lectura?).

El editor de Planeta, Roger Domingo, ya nos lo sugería en 2014. Yo mismo reflexioné al respecto en Yorokobu. Y hoy Esteban Hernández hacía lo propio en El Confidencial. Doy por sentado que, al igual que yo, también vosotros asumís que algo está cambiando.

A pesar de las innumerables críticas, es perfectamente comprensible el giro que está tomando el sector editorial, a saber: ir a lo seguro y publicar obras a las que se les presupone, como poco, el retorno de la inversión. Esto se traduce en novelas con un perfil muy de bestseller (o aspirante —sí, hay cientos de estudios y manuales al respecto—) o trabajos firmados por celebrities.

Lo diré sin rodeos: el libro como tal está herido de muerte (que no muerto del todo) y su destino pasa por convertirse en un complemento. ¿Complemento de qué? Pues de la ocupación principal del autor. Es decir, youtubers, blogueros, periodistas, tuiteros, deportistas, presentadores de televisión, músicos, etc., etc.

El libro como tal está herido de muerte (que no muerto del todo) y su destino pasa por convertirse en un complemento.

El valor literario de la obra pasa a un segundo plano y el perfil más empresarial de las editoriales sale a relucir. Porque no debemos olvidar que una editorial es un negocio que aspira legítimamente a obtener beneficios. Dejo a otros el debate sobre las implicaciones que este giro puede tener para el futuro de las letras.

Lo queramos o no, los autores debemos afrontar este reto y decidir hasta qué punto estamos dispuestos a entrar en el ruedo. De la respuesta  que demos a esta pregunta dependerá, no obstante, el impacto —al menos inmediato— de nuestra obra.

Anuncios

Doppelgänger, #InMemoriamAaronSwartz

JO-D-130210-AaronSwartz.

En 2004, ocho años antes de la fecha —hasta ahora oficial— de publicación de mi primera novela (El búnker de Noé), escribí una novela breve, inédita hasta la fecha.

Siempre he sentido una cierta resistencia ante la idea de darla a conocer. La primera razón es que, como suele suceder con primera novela escrita por una persona joven, el acabado no es tan excelente como yo habría deseado. La segunda es que, por su carácter absolutamente personal, íntimo, lírico, y en apariencia alejado del estilo de mis novelas (os adelanto que no tanto en el fondo), me siento moralmente inclinado a no ofrecérsela a ninguna de las grandes editoriales con las que trabajo de manera habitual. La tercera es que no estoy dispuesto a tocar una sola coma, no porque considere que es perfecta, sino porque es el fruto de un momento dado en mi vida y maquillarlo a posteriori sería, desde mi punto de vista, una especie de traición.

Por otra parte, la idea de guardarla en un cajón me entristece. ¿Quién sabe si podría resultar de utilidad o disfrute a cualquiera?

¿Cómo resolverlo? ¿Arrojarla al foso de la autopublicación?

Fiel creyente en la sincronicidad, no me lo pensé dos veces cuando la respuesta me llegó del modo más ¿inesperado?:

Mi esposa y yo estábamos viendo un documental sobre la vida y muerte del joven Aaron Swartz (1986-2013). Nos impactó a ambos, y entonces lo vi muy claro: mi opera prima supondría una suerte de homenaje a su legado, una protesta por su tratamiento injusto. Es por ello que la novela verá la luz el 11 de enero de 2016, coincidiendo con el tercer aniversario de su muerte, estará sujeta a derechos Creative Commons (dado que él colaboró en la elaboración de su código), disponible de manera 100% GRATUITA en mi web y, a partir de ahí, en cualquier lugar donde vosotros decidáis alojarla. En consecuencia, no podrá ser valorada ni comentada ni en Amazon o Goodreads ni en ninguna de las plataformas al uso. Es mi deseo más profundo que corra por la Red como un virus, como el espíritu de Swartz; ajena al control y al establishment; próxima al caos y a la guerrilla literaria.

Otra vez comienza el espectáculo.

DOPPELGÄNGER está a la vuelta de la esquina 😎

¿Os apuntáis?

Licencia de Creative Commons
Doppelgänger by Gabri Ródenas is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra en www.comomeconvertienunescritormillonario.com.

Una pausa para reflexionar ( o dando la bienvenida al 2016)

Desde que soy capaz de recordar, siempre me ha encantado contar historias. Para ello he recurrido a todos los medios que estaban a mi alcance: el discurso, los cómics, un poco la pintura, el cine y, cómo no, la literatura. En ocasiones , incluso me ha ido bien. En otras, en muchas de hecho, catastróficamente mal (como tiene que ser.)

Lo que no tengo tan claro es cuándo despertó en mi mente la siguiente pregunta, la que me ha llevado a recorrer un montón de caminos de lo más pintoresco. La pregunta es: «¿Qué puedo hacer para hacer de este mundo un lugar un poquito mejor?». Asumo que poco puede hacer un individuo y que ya no estamos en edad de querer cambiar el mundo al más puro estilo Rambo (por lo que a la soledad se refiere), aunque estoy convencido de que si cada uno de los 7.200 millones de cuerpos, de mentes, de almas que pueblan el planeta mientras escribo esto pusieran un poco de su parte, el efecto sería bastante diferente.

En 2016 cumpliré cuarenta años y me parece un buen momento para hacer balance.

Tal y como advierto, mis intentos de dar una respuesta a esa pregunta han seguido un patrón muy concreto —e incluso es posible advertir una evolución lógica—. En mis dos primeras novelas, El búnker de NoéEstación Orichalcum, esbocé en clave de thriller un panorama del futuro que nos aguardaba (algo similar llevé a cabo en Albatros.) Por desgracia, muchas de mis predicciones se cumplieron. Con mi amada Los pasajeros traté de dar un paso más y sugerir algunas medidas de tipo colectivo o social que podríamos desarrollar.

Huelga decir, en especial a aquellos que ya me conocéis, que mi interés por las pistolas, las conspiraciones, las persecuciones y todo lo que conforma la literatura de acción no me interesa en absoluto. Mis novelas han sido un medio para transmitir de manera «ligera» un contenido filosófico.

Por otra parte, no puedo negar que me considero un hombre de acción y que limitarme a la contemplación y a la sesuda reflexión no me resulta suficiente. Es por ello que cada vez estoy más implicado en temas y proyectos que tienen por objeto la mejora y evolución del ser humano, como tecnología y robótica aplicada a las ciencias de la salud (p. ej. Limbitless Solutions), prototipos de Inteligencia Artificial o modelos educativos alternativos (de momento) y más sensibles a la multiplicidad (admito haber sido influido en este punto por autores como sir Ken Robinson o Tony Robbins o las famosas charlas TED—y es que lo que algunos consideran que es el futuro inmediato de la educación ya es casi «obsoleto» si atendemos a los nuevos criterios y parámetros—.)

Estos proyectos llaman actualmente mi atención casi tanto como la propia literatura (empiezo a entender por qué autores como Cormac McCarthy reconocen sentirse más cómodos con científicos que con sus semejantes —dicho lo cual, yo me hallo de maravilla entre colegas escritores—.)

Puedo, por tanto, adelantaros que en 2016 lo más probable es que no aparezca ninguna novela nueva; quizá alguna reedición de las anteriores (nuevas editoriales y formatos) y la publicación de mi primera novela inédita (mucho más personal y alejada de mi producción habitual), pero nada de nueva producción. Lo que sí puedo confirmar es que a partir de ahora mi deseo, dentro del campo de la literatura, es elaborar algunas propuestas de tipo individual que cada uno de nosotros puede llevar a cabo a fin de mejorar el entorno y, por supuesto, la vida de uno mismo/a. Y en ello me encuentro ahora mismo: combinando la literatura dentro de estos nuevos parámetros con mis otros proyectos personales, sobre los que hoy he querido hablaros a fin de que no os asustéis cuando me escuchéis tratar asuntos «muy raros». No he perdido la cabeza [:-D], es sólo que he llegado a la conclusión de que tal vez un día la gente deje de leer libros y novelas —al menos tal y como lo ha venido haciendo hasta la fecha— pero hay algo que nunca cambiará: el deseo y la necesidad de avanzar hacia adelante.

Es justamente lo que me propongo y lo que también quiero para vosotros.

Feliz 2016.

11707509_10206516469537755_5232362776615670484_n

¿Ciencia ficción?

Retro futuro

 

 

 

Lo admito: nunca he sido un amante de la ciencia-ficción. De hecho, hasta hace bien poco creo que no había leído nada perteneciente al género al margen de algunos clásicos como los de H. G. Wells o Bradbury.

Iré más lejos: no sólo nunca me ha gustado sino que, además, huía de ella; platillos volantes, espadas láser, habitantes de Andrómeda, marcianos y todo tipo de extraterrestres no llamaban mi atención ni se ajustaban a mi sensibilidad lectora.

Pero la vida da muchas vueltas, ¿verdad?

 

Guerra de Nervios 001

 

 

El caso es que, para mi sorpresa, acabé escribiendo una novela que bien podría englobarse dentro del género: Los pasajeros. ¿No parece un tanto contradictorio? Trataré de explicar qué me hizo cambiar de opinión.

Mi idea inicial era escribir una historia con los viajes en el tiempo como telón de fondo. Siempre me ha gustado documentarme antes de escribir. Me parece una postura saludable y necesaria. Ya el propio Aristóteles recomendaba empezar por los predecesores. Y es cierto. ¿Para qué lanzarse a escribir sobre cualquier cosa sin saber lo que otros antes han dicho al respecto?

El caso es que devoré los textos de Heinlein, Sturgeon, Phillip K. Dick, Arthur C. Clarke, Asimov, más Bradbury, etc., y entonces llegó la sorpresa: la ciencia-ficción no iba sobre OVNIS ni galaxias lejanas; versaba sobre nuestra propia realidad; constituía un laboratorio en el cual analizar el futuro de la especie y el destino de nuestra sociedad y la humanidad en su conjunto.

 

retrofuturismo_1

 

 

Por supuesto que muchas de las ideas alocadas de aquellos autores se han cumplido. Otras no. Pero eso es absolutamente irrelevante. La reflexión acerca de hacia dónde nos dirigimos, los riesgos que entraña nuestra forma de organizarnos y distribuir los bienes materiales, la crítica al Sistema, la negación de algunos “valores” y la reivindicación de otros mucho más racionales y humanistas constituyen el núcleo de la denominada ciencia-ficción.

Es por ello que cada vez que escucho aquello de scifi ahora lo veo de otra manera; ahora sonrío y pienso “¿Se cumplirá o no?”. O, como si de un lema ciberpunk se tratase, me digo: “el futuro ya ha tenido lugar”.

 

heshka6

Algunas observaciones a propósito de Los Pasajeros

montaje portada ok_2

 

 

Los lectores que ya han disfrutado de las primeros capítulos de Los pasajeros no han dudado en calificarla de “valiente”, “arriesgada”, “atrevida”, “hipnótica” e incluso de “rara”. Yo añadiría a la lista de calificativos el de comprometida. He decidido, por tanto, y antes de su próximo lanzamiento ofrecer algunas consideraciones sobre la misma.

Lo primero que advertirá cualquiera que se adentre en sus páginas será que la novela arremete contra cualquier convención propia de cualquier género al que se la quiera adscribir (¿Thriller sin armas ni violencia ni sexo? ¿Ciencia-ficción sin naves espaciales procedentes de planetas lejanos? ¿Fantasía sin orcos ni ninfas ni vikingos?). Nada de esto es gratuito.

Ciertamente, Los pasajeros se aleja sustancialmente de mis anteriores trabajos; es un obra más contundente.

¿A qué se debe este cambio de registro? La decisión atiende a razones morales. Desde mi punto de vista, nuestro país -y mucho me temo que el resto del planeta- atraviesa un momento histórico delicado. Es obligación de un autor no sólo entretener (que también), sino también aportar ideas y herramientas necesarias para el cambio. Siempre he defendido que entretenimiento y cultura no son excluyentes y, en este periodo, este presupuesto se hace más necesario que nunca.

De haber escrito una novela de mero entretenimiento -repito que Los pasajeros cumple esa función (de lo contrario habría escrito un ensayo)- consideraría que habría contribuido al mantenimiento del statu quo, ofreciendo otra cortina de humo y un poco más de “opio” que desviase la atención del estado real de las cosas.

En este sentido, y sin ánimo de resultar presuntuoso, puedo asegurar que Los pasajeros es una novela necesaria, entendiendo por “necesaria” en este contexto una narración útil para el conjunto de la comunidad; una novela humana y con pretensiones de trascender el espacio puramente literario. Una novela que ofrece armas, siempre pacíficas, listas para promover una sociedad más igualitaria y justa.

Tal vez esto suene un poco brechtiano. Nada más lejos de mi intención.

Puedo adelantar, y lo hago sin ningún pudor o falsa modestia, que Los pasajeros no dejará indiferente a ningún lector. Si para bien o para mal lo dejo a vuestra consideración. Por lo pronto, y si os apetece anticiparos al futuro, os invito a hojear sus primeras páginas y sumergiros en un viaje en el tiempo de la mano de una filósofa, un médium, un chaval que vive en una furgoneta, El Zorro… y una peculiar gata.

¡Larga vida a los hombres y mujeres libres!