Nueva York, Schrödinger

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Viví dos meses en Estados Unidos (cosas de la vida). Cuando se lo cuento a los amigos, la pregunta inmediata es: «¿Estuviste en Nueva York?». Es una pregunta que siempre me ha parecido desconcertante, ya que, aunque la respuesta se supone sencilla (sí o no), en mi caso no es fácil responder a ella.

El caso es que yo me dirigía al centro (Wisconsin y un poco de Chicago), pero mi avión desde España aterrizó en el John F. Kennedy para hacer transbordo. Por problemas de la compañía, el avión canceló el vuelo y la compañía —supongo que en 1992 las palabras «estilo« y «responsabilidad» tenían otros sentidos— alojó a los pasajeros en una avión próxima a la misma terminal.

A la mañana siguiente, un autobús nos recogió y nos devolvió a la sala de espera del aeropuerto.

La pregunta es ¿estuve o no estuve en Nueva York? Resulta evidente que NO estuve en el Nueva York al que hace referencia la pregunta (Quinta Avenida, Brooklyn, Manhattan, etc.), aunque físicamente Sí estuve en Nueva York. En ese sentido, puede decirse que, al igual del famoso gato de Schrödinger, estuve y no estuve en Nueva York al mismo tiempo.

Imagino que esto puede extenderse a mil y un aspectos de mi vida.

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