#ElMundoQueYoQuiero

Volvemos a la carga con nuestra propuesta de novela «enriquecida» y un puntito transmedia.

En esta ocasión, tal y como ya os adelanté en este post, quiero contar con vuestra ayuda para mi tercera novela, #LosPasajeros #ThePassengers. El procedimiento es muy sencillo: podéis hacerme llegar a mí y, mucho mejor, al resto de lectores e interesados vuestras propuestas acerca de cómo mejorar el mundo; cómo hacer de este lugar un sitio mejor para vivir, más justo e igualitario. Para ello disponéis de un buen puñado de canales:

Twitter: Hemos habilitado un hashtag #ElMundoQueYoQuiero. Este tag será incorporado a la novela, de modo que vuestras sugerencias –incluidas o no- podrán ser rastreadas y, ya de paso, fomentaremos el diálogo entre lectores, autores e internautas afines al proyecto.

Facebook: Sentíos libres de colgar en mi muro vuestras ideas. Serán bienvenidas.

También podréis enviármelo a mi mail (si lo buscáis lo encontraréis), pero a mi juicio desvirtúa el sentido del experimento.

Señoras y señores, la diversión está servida. Gracias y abrazos.

People have the Power

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Vivir (literalmente) en una biblioteca

Soy de los que opinan que un escritor se forja a base de lecturas y escrituras, pero también gracias a sus vivencias. Es más, creo que un escritor no está completo sin una leyenda personal, sin una serie de anécdotas que enriquezcan aquello que plasma en el papel. Un editor hábil sabe perfectamente que tales historias pueden llegar a vender más que los propios libros del autor. ¿Os suena el accidente de Stephen King? ¿La pobreza autoimpuesta de Cormac McCarthy –mencionada hasta la saciedad en esas «escasas» entrevistas que concede-? ¿La reticencia de Salinger o Thomas Pynchon a aparecer en los medios? ¿La afición (casi dedicación) de Murakami a correr? ¿Las…? La historia de la literatura está repleta de relatos mucho más suculentos en ocasiones que las propias tramas, hasta el punto que un escritor o escritora en particular se puede convertir en tu favorito sin haber leído una sola línea suya, gracias a su biografía.

No pretendo equiparme a los autores arriba mencionados –creedme, mi estupidez no llega hasta tal punto- pero sí me enorgullezco de haber llevado una vida poco convencional, cargada de aventuras y situaciones extraordinarias y hoy quiero relatar una experiencia de la que guardo un hermoso recuerdo.

Aunque las circunstancias y las condiciones que nuestra época impone me hayan llevado a acabar publicando mis novelas en formato digital, siempre he sido un lector prematuro y voraz, claro está, en formato papel. A los veintipocos ya me había hecho con una biblioteca de más de cinco mil ejemplares, lo que ocasionaba ciertos inconvenientes en casa. No tardé mucho en largarme y tuve que buscar un alojamiento para mis amados libros. El problema se mantuvo en mi nueva vivienda: demasiados libros.

La solución no tardaría en presentarse, aunque fuese de un modo relativamente drástico. Por razones que no vienen al caso, me vi en la necesidad de tener que buscar otro alojamiento, en este caso, para mis libros y para mí mismo. Fue cuando decidí habilitar una vieja oficina y convertirla en mi biblioteca. Una biblioteca en la que acabaría viviendo tres años, cuyas primeras semanas las pasé durmiendo en el suelo, sin cama. Por fortuna era de madera, y no os compadezcáis de mí; no recuerdo una periodo más divertido. Por aquella época vivía con una mujer (sigo haciéndolo y con la misma) y ella tampoco dio muestras de trauma.

Poco a poco fuimos acomodando la estancia: una pequeña cocina, una cama, un sofá y la ausencia de antena de televisión. Teníamos el aparato pero no la señal, de modo que sólo podíamos ver películas. Unas dos y media al día, lo que multiplicado por 1.095 (tres años) hace un total de…

Lo que empezó siendo una biblioteca instalada en una vieja oficina reformada acabó convirtiéndose en un hogar. Y como muchos hogares, teníamos vecinos. Ellos decidieron que aquella forma de vida no era todo lo monótona que exigían –a imagen y semejanza de las suyas, imagino- y se las ingeniaron para que nos echaran de allí so pena de pagar una multa que, por aquel entonces, escapaba de nuestras posibilidades. Otra mudanza.

Mantuve la oficina, pero muchos de los libros fueron trasladados a mi residencia habitual y ahora, casi una década después, he regresado a mi vieja biblioteca, a mi estudio. Ya no para vivir, sino para trabajar. Es un sitio excelente: sin ventanas ni conexión a Internet ni cobertura telefónica. Durante ocho horas al día vivo aislado. El sueño de Paul Auster. He decidido terminar mi novela Los pasajeros (The Passengers) allí, impregnándome del espíritu de otro tiempo. Un tiempo en el que sólo estábamos un papel, un lápiz y mi imaginación.

Y ésta es la historia que quería compartir con vosotros hoy. Tal vez, en otra ocasión, y siempre que os interese, os haga partícipes de otras aventuras no menos extraordinarias.

Los pasajeros (The Passengers)

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Dedicado a José Ángel Martos

Mi deuda con él es enorme

Tal y como se anunció en la revista Qué Leer y como yo mismo adelanté en este post, hoy hago públicos varios aspectos de mi nueva novela, llamada, sin más dilación, Los pasajeros (The Passengers).

El motivo de elegir este día es, por un lado, que coincide con el día de los enamorados (y yo estoy enamorado de vosotros, que leéis estas palabras en este preciso instante) y, por otra, algo más personal: la fecha coincide con el décimo aniversario de mi hijo Adrián.

Hay varias diferencias entre esta novela y las anteriores: la ausencia de León Poiccard, Maribel Salgado y Cía.; el debilitamiento de la parte racional y una apuesta sólida por las emociones y el instinto; la expulsión del elemento conspiranoico (la serie anonymous diagnosticaba ciertos problemas; en Los pasajeros se ofrecen líneas de solución); un mayor lirismo, si se quiere ver así –una mayor carga literaria en sentido estricto y ligeramente menos comercial– y lo más importante: el desarrollo o creación de la novela será «transmitido» a tiempo real.

Compartiré con vosotros dudas, avances, problemas, atascos, documentos, opiniones, datos, etc. Al final tendréis la novela «que habéis escrito vosotros».

SINOPSIS:

En líneas generales, Los pasajeros es una historia sobre reencarnación y viajes en el tiempo, con un matiz: la mayor parte de las tesis serán avaladas por argumentos científicos (en ocasiones procedentes de la ciencia límite e otras abiertamente pseudocientíficos).

Cinco pintorescos personajes acaban encontrándose «por azar» en extrañas circunstancias. Huelga decir que la casualidad es expulsada de manera automática de la historia desde el primer minuto y la omnipresencia del dharma (u orden cósmico del mundo) se palpará con fuerza. Poco a poco, irán advirtiendo que tienen que llevar a cabo una misión, sin saber muy bien cuál. Como si de la resolución de un puzle se tratase, los cinco pasajeros tendrán que montar una compleja muñeca matrioska narrativa repleta de emociones, humanidad y enemigos. ¿Qué misterio será el que deban resolver? ¿Por qué se verán obligados a recurrir a los saltos en el tiempo? ¿En qué sentido y de qué modo?

PERSONAJES:

Los cinco convocados son:

  • Teresa de Silva: filósofa y lectora voraz de G.K. Chesterton. Sofisticada, elegante y siempre vestida de negro.
  • Nico García: un chaval de dieciséis años que vive en una furgoneta con su padre, antiguo carpintero arrojado al desahucio por falta de trabajo.
  • Don Diego de la Vega, alias El Zorro: así es. Un tipo que afirma ser Don Diego de la Vega aparece sin saber cómo en 2013, en el sur de España, vestido como El Zorro. ¿Será un impostor o un mero imitador?
  • Timoteo «Tim» Heredia: Médium. Recibe la señal de que debe localizar a Teresa de Silva y, después, advertirá que su misión es transmitir un mensaje del «más allá» a los convocados y, por extensión, al resto de la humanidad, pero cuyo contenido todavía desconoce.
  • Cata: una gata muy especial. [Anécdota1: mi gata en la vida real se llama Catalina].

A fin de organizar y poder rastrear los avances de la novela, propongo emplear el hashtag #LosPasajeros (#ThePassengers para los amigos americanos). En otras redes sociales y en otros medios ya nos iremos organizando (se admiten sugerencias).

Ni que decir tiene que el reto es potente. A nivel personal, implica que la presión es grande (¡No podría teneros a la expectativa tres años!). Fiel al modelo Stephen King, me comprometo a escribir mis 2.000 palabras al día y que la novela esté a vuestra disposición en 2014.

Como ya señalé en su momento, otra de las novedades reside en que Los pasajeros no será subida de forma inmediata a Amazon, Kobo ni ninguna otra plataforma digital, sino que recorrerá los caminos tradicionales de editores, concursos, etc. Sólo en caso de que no pueda llegar a vosotros en formato tradicional, será puesta a vuestra disposición de manera gratuita en versión electrónica.

Así pues, demos la bienvenida a #LosPasajeros. Buen viaje.